Compartir:

¿Por qué es importante?

Existe amplio consenso de que los padres influyen en forma decisiva en el desarrollo y desempeño del niño. Muchas de las destrezas que los niños adquieren dependen fundamentalmente de la interacción con sus cuidadores, así como de los que los rodean. De hecho, la calidad parental que recibe un niño se considera el principal factor de riesgo modificable que contribuye al desarrollo de los problemas emocionales y conductuales de los niños. 

La interacción padres-hijos afecta diversas áreas del desarrollo, incluyendo la autoestima, el rendimiento académico, el desarrollo cognitivo y la conducta. Sin embargo, de acuerdo a los datos de la Encuesta Longitudinal Nacional de Niños y Jóvenes (National Longitudinal Survey of Children and Youth), sólo un tercio de los padres canadienses utilizan enfoques parentales óptimos.

¿Qué sabemos?

Efectos de prácticas parentales 

Para asegurar los mejores resultados en sus hijos, los padres deben equilibrar el grado de madurez del niño y la disciplina que ellos imponen, con el fin de producir una integración adecuada a sus niños, a la familia y al sistema social, al tiempo que mantienen una atmósfera de cordialidad, responsabilidad y apoyo. Cuando no existe un equilibrio adecuado entre la conducta y la actitud de los padres durante la edad preescolar de los hijos, éstos últimos pueden verse enfrentados a múltiples factores de ajuste. 

Diversas investigaciones revelan que una paternidad responsable y receptiva está ligada a emociones positivas en los niños; por el contrario, brindar menos apoyo o bien vivenciar una paternidad problemática se relaciona con niños con actitudes negativas, irritables o agresivas. Más específicamente, se ha señalado que la disciplina ejercida en forma irracional o con parámetros rígidos e inconsistentes, así como la falta de preocupación y de participación de los padres incide decisivamente en el desarrollo de los problemas conductuales infantiles.

La responsabilidad parental también es importante en el desarrollo cognoscitivo del niño. Estudios en la materia han revelado que las conductas cognitivas-receptivas, tal como mantener en vez de redireccionar intereses y entregar estímulos verbales enriquecedores, proporcionan al niño la base que le permite desarrollar su capacidad de atención y sus habilidades de lenguaje. Aun más, la participación parental temprana y sistemática en actividades de aprendizaje, así como el poder disponer de materiales apropiados, fomenta el desarrollo del vocabulario y aprendizaje infantil en general. Estas prácticas parentales no sólo facilitan el aprendizaje temprano, sino que constituyen un estímulo en el niño para asumir un protagonismo activo y desarrollar una actitud positiva respecto de su aprendizaje.  

En el caso de los niños que viven en condiciones de pobreza, se ha encontrado que existen otros factores ambientales además de la paternidad que afectan el comportamiento del niño más adelante, tales como la edad de los padres, el bienestar, el historial de conductas antisociales, el apoyo social dentro y fuera del núcleo familiar inmediato y la calidad del entorno. 

Determinantes de la parentalidad 

¿Qué hace que los padres críen a sus hijos de la forma que lo hacen? Algunos factores personales y sociales entran en juego, tales como:  

Factores socio-contextuales que modelan la forma de criar a los hijos, incluyendo las características individuales de los niños, la historia del desarrollo de los padres y su propia estructura psicológica, los problemas psicológicos del niño y de sus padres, el aislamiento social y contexto social en el cual los padres están inmersos. Los rasgos de personalidad de los padres también juegan un papel importante, por la influencia en sus emociones y/o cogniciones, incluyendo las atribuciones que se dan respecto de las causas de la conducta de sus hijos. 

Las investigaciones realizadas revelan que la estimulación del lenguaje y los materiales de aprendizaje en el hogar constituyen las principales prácticas parentales asociadas a la preparación escolar de los niños, así como el vocabulario y los logros escolares. En tanto que la disciplina y el apoyo parental están más vinculados a los resultados emocionales y sociales tales como la conducta, el control de impulsos y la capacidad de atención. 

El conocimiento parental también juega un papel clave. Cuando los padres están conscientes de la importancia de establecer normas y pautas, y conocen la forma de cuidar de un niño, pueden brindarles una organización cognitiva global para adaptarse o anticiparse a los cambios en su desarrollo. Los estudios muestran que las madres con un mayor nivel de conocimientos sobre la primera infancia y el desarrollo infantil disponen de una variedad más amplia de técnicas parentales adecuadas. A la inversa, la falta de precisión  o la sobrevaloración parental del desempeño de los niños puede afectar el rendimiento de éstos, debido probablemente a que las expectativas parentales pueden afectar su conducta. 

¿Qué podemos hacer?

Existe una cantidad considerable de programas de apoyo parental que refuerzan las  habilidades de los padres y promueven el desarrollo de nuevas competencias. Pese a que estos programas difieren en sus propuestas de intervención, tienen un propósito común: mejorar la calidad de vida de padres e hijos, y tienen una estrategia común: producir un efecto positivo en los niños por medio de cambios de actitudes, conocimientos y/o conductas parentales. Estas iniciativas buscan entregar a los padres los conocimientos y habilidades necesarios para asumir efectivamente las responsabilidades de la educación de los niños, así como proporcionarles experiencias y oportunidades que promuevan su aprendizaje y desarrollo. Muchas de ellas son iniciativas comunitarias diseñadas para promover el flujo de recursos y apoyo a las familias. 

Los programas parentales exitosos se enfocan en tipos de conducta infantil  específicos (por ejemplo, dificultades del desarrollo, conducta infantil problemática) o se centran en ciertos procesos de transición del desarrollo. Cubren múltiples necesidades, tales como servicios de cuidadores entrenados en otros contextos (tales como jardines o centros abiertos) y en el bienestar de la madre. Ello implica desplegar esfuerzos significativos en el entrenamiento inicial del personal que, a su vez, implementa el programa con los padres, y la mantención de la intervención. Finalmente, estas iniciativas maximizan la inversión de los padres priorizando la importancia del desarrollo de los niños pequeños, vinculándolo a habilidades parentales y a decisiones saludables. 

Estos exitosos programas brindan oportunidades para los padres de reunirse entre pares y apoyarse mutuamente. Al respecto, los datos son particularmente decisivos sobre  las iniciativas que combinan la intervención del apoyo parental con servicios educativos directos para los niños, lo que a su vez contribuye al crecimiento y desarrollo óptimos de éstos. 

Además, juegan un importante papel en la prevención de la delincuencia. Un análisis de costo/beneficio de las diversas estrategias de intervención indicó que la capacitación parental fue más efectiva con respecto a prevenir futuras actitudes delictivas de los niños que las visitas diarias a los hogares, junto con el centro abierto o supervisión de niños y jóvenes que presentan conductas delictivas. El desafío del servicio de salud y de los proveedores de servicios sociales es promover una parentalidad óptima de una forma eficiente y proactiva. No obstante, en la implementación de esta tarea, se presentan numerosos obstáculos: fragmentación de los servicios, restricción de atribuciones, diferentes capacidades producto de las distintas especializaciones del proveedor, así como problemas de acceso debido a la ubicación geográfica de los centros, idioma y  horario de atención.  

En los estudios sobre parentalidad y programas de apoyo, se deben considerar cuatro tendencias: precisión de las habilidades parentales tanto dentro como fuera del hogar (por ejemplo, la importancia de interpretar eventos, establecer rutinas, estar alerto a recursos externos); establecer resultados para los niños o los padres (determinando qué procesos están relacionados a ciertos resultados); encontrar formas de poner al niño dentro de un contexto (por ejemplo, considerar sus perspectivas sobre las características de un buen padre);  y poner más atención a las diferencias culturales respecto de la forma en que los padres piensan, sienten o actúan. En consecuencia, los estudios sobre interacciones padres/hijos deben continuar ampliándose para evaluar resultados más representativos de grupos socioeconómicos, culturales, raciales y étnicos.