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Cada niño nace con una personalidad y un temperamento únicos. Su temperamento afecta a su conducta y a su reacción a situaciones. Sin embargo, si se enfoca correctamente, los padres pueden mitigar algunos de los aspectos más difíciles de los temperamentos de sus hijos.  

  • Si los niños son ansiosos, están asustados o son retraídos en situaciones nuevas, los padres pueden intentar no sobreprotegerles y animarles amablemente a explorar nuevas situaciones. 
  • Si los niños son demasiado intrépidos y corren demasiados riesgos, los padres pueden mostrarse cálidos y cariñosos y establecer reglas firmes y horarios regulares. 
  • Si los niños son impulsivos, los padres pueden alabar sus buenas conductas (como, por ejemplo, cuando los niños controlan sus impulsos) e imponer una cariñosa disciplina. 

En general, los niños tienden a tener mejor temperamento cuando los padres les dan apoyo y atención, establecen límites, usan disciplina positiva, y responden regularmente a sus necesidades.