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Actitudes y Creencias Parentales: Su Impacto en el Desarrollo de los Niños

Joan E. Grusec, PhD

University of Toronto, Canadá

Febrero 2006 (Inglés). Traducción: marzo 2010

Introducción

¿Por qué los padres se comportan de la forma en que lo hacen cuando tienen la responsabilidad de la crianza de sus hijos? Una respuesta obvia es que ellos están repitiendo el modelo de comportamiento de sus propios padres, en base al ejemplo que éstos mostraban en ellos mismos. No obstante, la alternativa es que pueden actuar de acuerdo con la información adquirida sobre un tipo parental adecuado, al cual se puede acceder fácilmente ya que está disponible en libros, revistas, sitios web, sugerencias formales e informales, etc. Otro determinante principal de este comportamiento, tema de este ensayo, radica en los sentimientos, reflexiones, creencias y actitudes que se activan durante la parentalidad. Éstos a menudo tienen un efecto muy poderoso sobre el comportamiento, incluso si los padres están viviendo una situación dolorosa o ni siquiera están conscientes de ese impacto. Para las investigaciones sobre desarrollo infantil, las actitudes, cogniciones y emociones de los padres (tales como ira o alegría) son de profundo interés porque orientan la conducta parental, la cual a su vez produce efectos en el desarrollo cognitivo y socioemocional de los niños. 

Materia 

Las actitudes hacia los niños son cogniciones que predisponen a un individuo a actuar positiva o negativamente frente a él. Han sido consideradas para ser predictores eficaces de la conducta parental debido a que son una indicación del clima emocional en el cual los niños y sus padres funcionan y por lo tanto de lo adecuado de la relación. Las actitudes más frecuentemente consideradas se relacionan con el grado de calidez y aceptación o frialdad y rechazo existentes en la relación padre-hijo, así como en el ámbito en el cual los padres son permisivos o restrictivos y en los límites que establecen a sus hijos. Adicionalmente, los investigadores han comenzado recientemente a poner atención a esquemas o pensamientos más situacionales: filtros a través de los cuales los acontecimientos, algunos particularmente ambiguos, son interpretados y enfrentados. Estos incluyen cogniciones como creencias sobre habilidades parentales, expectativas acerca de lo que los niños son capaces de hacer o lo que se debería esperar que hicieran, y las causas de un determinado comportamiento. 

Problemas

Pese a que la influencia de las actitudes en las conductas parentales ha sido el principal tema de investigación, los resultados logrados generalmente han sido modestos.1 Esto se debe, en parte, a que las actitudes informadas no siempre han tenido un impacto directo en las acciones parentales, las que a menudo son conducidas por situaciones específicas. Por ejemplo, los padres debieran adherir o valorar la conducta afectuosa y receptiva hacia los hijos, pero tienen dificultades para expresar esos sentimientos cuando su hijo no se comporta adecuadamente. Así, los investigadores han comenzado a observar reflexiones particulares en situaciones específicas, como las creencias de los padres sobre las causas de la mala conducta de los niños o sobre lo efectivos que pueden llegar a ser al enfrentar este problema particular. Algunas de estas ideas pertenecen a la esfera de la conciencia y son accesibles, en tanto, que otras radican en el inconsciente y se expresan de forma automática. En el caso anterior, los padres pueden ser renuentes a presentarse a sí mismos de una forma demasiado negativa y por ende pueden no ser lo suficientemente precisos en los informes que suministran  a los investigadores (una dificultad que se menciona también en el estudio de actitudes).  En el último caso, las investigaciones se enfrentan al desafío de descubrir formas para medir los procesos de pensamientos inconscientes o automáticos.  

Contexto de Investigación

El estudio de las actitudes parentales, sistemas de creencias e ideas ha tenido lugar junto con el cambio en las concepciones de la crianza que han enfatizado la naturaleza bidireccional de las interacciones, con los niños influyendo en sus padres y a la inversa.2  Pese a que diversos estudios han orientado las correspondencias entre las reflexiones y las acciones parentales, cada vez más las investigaciones abordan la influencia de las ideas y acciones de los padres en las conductas de sus hijos, con acciones determinadas como conectores. La mayor parte del trabajo se ha realizado con las madres, aunque las investigaciones progresivamente se han ido ampliando hacia los padres. 

Resultados de Investigaciones Recientes 

Un amplio conjunto de investigaciones sobre actitudes indican que el calor parental, junto con niveles razonables de control o restricción, tienden a producir resultados positivos en el niño. Pese a que estos resultados no son definitivos, sí son bastante consistentes.3 Al respecto, investigadores en la materia han señalado que lo que parece ser un nivel razonable de control varía como función del contexto cultural. Así, las actitudes hacia ejercer control son generalmente más positivas en contextos  de estatus socioeconómico más bajos y en culturas no anglo europeas, como la china, en la que los efectos de un estilo autoritario serían menos perjudiciales en el desarrollo de los niños.3,4

Con respecto a cogniciones parentales específicas, los padres buscan las causas de sus propias actitudes. Estas atribuciones, cuando son precisas, pueden facilitar una mayor eficiencia parental, pero también pueden interferir con un estilo efectivo de paternidad cuando provocan sentimientos de enojo o depresión (atribuyendo la mala conducta de los niños a una mala disposición o a un deseo intencional de hacer daño, al igual que al fracaso o la inadecuación de los padres). Estos sentimientos negativos los distraen de la tarea de la crianza, y les dificulta el reaccionar apropiada y efectivamente ante los cambios de socialización de sus hijos.5

Bugental et al han estudiado a las madres que creen que sus niños tienen más capacidad que ellas en situaciones adversas.6 Ellas se sienten amenazadas y se vuelven abusivas y hostiles o poco asertivas y  sumisas, y transmiten señales confusas a sus hijos, con el resultado que los niños dejan de ponerles atención y también reducen su capacidad cognitiva7.  Esta visión sobre las relaciones de poder se incrementa en la capacidad de las madres de solucionar los problemas y por tanto de ejercer efectivamente su papel en la crianza. De una forma similar, las madres que tienen una habilidad baja en la autoeficacia, es decir, que no creen que puedan ejercer su función en forma correcta, se rinden ante el desafío y se deprimen. Son frías, poco emocionales y no se involucran en las acciones de sus hijos.8 Brody et al, en un estudio de familias afroamericanas monoparentales, informaron que la eficacia se relacionaba con las expectativas que las madres depositaban en sus hijos, tales como ser bien educados y con un comportamiento correcto, y eran éstos los objetivos que transmitían en su práctica parental los que, en última instancia, se vinculaban con las habilidades de los niños para regular su propio comportamiento y planificación.9 Otras madres tienen creencias positivas poco realistas sobre el papel que juegan en la crianza y tienden a la ira y a ser muy críticas con los preescolares, quienes a su vez, desarrollan actitudes rebeldes.10

Las investigaciones también han evaluado que las habilidades paternas para  adoptar su perspectiva y prever más certeramente su mejor desempeño cognitivo, seguramente se debe a que pueden adecuar  mejor la  formación de los niños con las necesidades de estos últimos.11 De igual forma, Hasting y Grusec descubrieron que los padres que podían identificar con precisión las ideas y sentimientos de sus hijos durante los conflictos estaban más capacitados para lograr resultados satisfactorios de esas situaciones.12  Finalmente, la actitud de amplitud mental o la habilidad parental de creer que los niños pueden razonar por su cuenta y ser precisos en sus apreciaciones, ha sido vinculada al apego seguro de los hijos.13

Conclusiones

Los padres observan a sus hijos a través de un filtro de pensamientos y actitudes conscientes e inconscientes, y estos filtros orientan la forma en la que ellos perciben las acciones de sus hijos y el cómo se comportan frente a ellas. Cuando los pensamientos son certeros y positivos, realizan acciones positivas. Sin embargo, cuando son distorsionados y angustiantes, impiden a los padres concentrarse en la tarea de la crianza y orientan emociones y atribuciones que impiden ejercer un rol efectivo en la formación de sus hijos.  

Implicancias para las Políticas y Servicios 

La mayoría de los programas de intervención para padres integran la enseñanza de estrategias efectivas para manejar las conductas de sus hijos. Sin embargo, en algunos casos, ejercer esta función no está asociado a la carencia de conocimiento sobre cómo controlar la conducta de sus hijos, sino a una desadaptación de formas de pensamiento determinadas. En estas ocasiones, los investigadores y médicos necesitan reflexionar sobre otras intervenciones que cambiarán sus esquemas y formas de concebir las relaciones con otros para poder ejercer una parentalidad efectiva. 

Referencias

  1. Holden GW, Buck MJ. Parental attitudes toward childrearing. In: Bornstein MH, ed. Being and becoming a parent. 2nd ed. Mahwah, NJ: Lawrence Erlbaum Associates; 2002:537-562. Handbook of parenting; vol 3.
  2. Kuczynski L, ed. Handbook of dynamics in parent-child relations. Thousand Oaks, Calif: Sage Publications; 2003.
  3. Bugental DB, Grusec JE. Socialization processes. In: Eisenberg N, ed. Social, emotional, and personality development. New York, NY: John Wiley and Sons. Handbook of child psychology; vol 3. In press.
  4. Chao RK. Beyond parental control and authoritarian parenting style: Understanding Chinese parenting through the cultural notion of training. Child Development 1994;65(4):1111-1119.
  5. Bugental DB, Brown M, Reiss C. Cognitive representations of power in caregiving relationships: Biasing effects on interpersonal interaction and information processing. Journal of Family Psychology 1996;10(4):397-407.
  6. Bugental DB, Happaney K. Parental attributions. In: Bornstein MH, ed. Being and becoming a parent. 2nd ed. Mahwah, NJ: Lawrence Erlbaum Associates; 2002:509-535. Handbook of parenting; vol 3.
  7. Bugental DB, Lyon JE, Lin EK, McGrath EP, Bimbela A. Children “tune out” in response to ambiguous communication style of powerless adults. Child Development 1999;70(1):214-230.
  8. Teti DM, Gelfand DM. Behavioral competence among mothers of infants in the first year: The mediational role of maternal self-efficacy. Child Development 1991;62(5):918-929.
  9. Brody GH, Flor DL, Gibson NM. Linking maternal efficacy beliefs, developmental goals, parenting practices, and child competence in rural single-parent African American families. Child Development 1999;70(5):1197-1208.
  10. Donovan WL, Leavitt LA, Walsh RO. Maternal illusory control predicts socialization strategies and toddler compliance. Developmental Psychology 2000;36(3):402-411.
  11. Miller SA, Manhal M, Mee LL. Parental beliefs, parental accuracy, and children’s cognitive performance: A search for causal relations. Developmental Psychology 1991;27(2):267-276.
  12. Hastings P, Grusec JE. Conflict outcome as a function of parental accuracy in perceiving child cognitions and affect. Social Development 1997;6(1):76-90.
  13. Bernier A, Dozier M. Bridging the attachment transmission gap: The role of maternal mind-mindedness. International Journal of Behavioral Development 2003;27(4):355-365.