Desarrollo de la Agresión Física de la Primera Infancia a la Adultez


International Laboratory for Child and Adolescent Mental Health Development, INSERM U669, Francia, University College Dublin, Irlanda, University of Montreal, Canadá
, Ed. rev. (Ingles). Traducción: noviembre 2009

Versión PDF

Introducción

La perspectiva tradicional

La violencia física desplegada por adolescentes y adultos jóvenes constituye una preocupación primordial en las sociedades modernas. De hecho, el riesgo de ser arrestado y considerado culpable de conductas delictivas es más alto durante los últimos años de la adolescencia y los primeros de la adultez, que en cualquier otro momento de la vida. En los últimos 40 años, cientos de estudios han intentado dilucidar cómo es posible que niños traviesos se conviertan en delincuentes juveniles. La inadecuada supervisión de los padres, la separación de las familias, las influencias negativas de los pares, y la pobreza han sido asociadas a la delincuencia juvenil violenta.1,2 La mayoría de las personas arrestadas por crímenes violentos son varones. Por mucho tiempo, la explicación más frecuente para el comportamiento violento ha sido: “los comportamientos agresivos y violentos son respuestas aprendidas ante la frustración, también pueden aprenderse como medios para lograr metas, y el aprendizaje se realiza observando modelos de dicho comportamiento. Estos modelos se pueden observar en la familia, entre los pares, en los barrios, a través de los medios de comunicación, o en la pornografía violenta.”3

Problemas

El problema con la perspectiva tradicional

Si la agresión física se aprende observando modelos al interior de las familias, en los barrios y entre los pares, cabe preguntarnos:

  1. ¿Cuándo comienza el aprendizaje?
  2. ¿Aumenta la frecuencia de la agresión física con la exposición a modelos agresivos? 
  3. ¿Cuándo y cómo podemos prevenir el desarrollo de la agresión física?

Resultados de Investigaciones Recientes 

a) Investigación durante los años de escuela primaria

Hasta hace poco, gran parte de la investigación sobre los comportamientos agresivos giraba en torno a adolescentes y adultos. Una minoría de estudios longitudinales realizados a partir de una amplia muestra de niños en edad escolar, ha aportado información relevante sobre el desarrollo de la agresión física.4,5 Un hallazgo significativo e insospechado de estos estudios longitudinales es que, en la gran mayoría de los casos, la frecuencia de la agresión física disminuye a partir del ingreso a la escuela y hasta concluir la educación secundaria. El mismo fenómeno se aplica a niños y niñas por igual, pero las niñas muestran sistemáticamente menos frecuencias de agresión física que los niños. Este fenómeno fue observado durante las décadas de los ochenta y noventa en Canadá, Nueva Zelanda y los Estados Unidos de A., donde la tasa de homicidios iba en aumento.6,7,8

Desde la perspectiva de la agresión aprendida socialmente, fue inesperado observar cómo disminuía su frecuencia con la edad puesto que a medida que crecen, los niños están cada vez más expuestos a modelos de agresión física. Los estudios longitudinales también han demostrado que resulta extremadamente poco probable que un adolescente que en el pasado no haya sido muy agresivo físicamente, manifieste problemas repentinos y significativos de agresión física.7,8,9,10,11

Estos hallazgos obviamente condujeron a otra pregunta: si en la mayoría de los niños la frecuencia de la agresión física alcanza su punto culminante al ingresar a la escuela, ¿cuándo aprenden a ser físicamente agresivos? Hasta hoy, son pocos los estudios que se han enfocado en la agresión física antes del ingreso a la escuela, probablemente por tres buenas razones: 1) Las consecuencias de la agresión física perpetrada por un adolescente de 18 años son generalmente más dramáticas que la agresión física perpetrada por un preescolar de tres años; 2) La teoría del aprendizaje social de la agresión nos lleva a creer que los niños aprenden a ser agresivos durante la edad escolar porque están más expuestos a modelos de agresión que niños preescolares; 3) Es más fácil para los investigadores observar y entrevistar a niños en edad escolar. 

b) Investigación en la primera infancia

En la última década, algunos estudios longitudinales realizados desde el nacimiento del niño, han revertido nuestro pensamiento sobre el desarrollo de la agresión física. Estos estudios muestran que si los pequeños aprenden a ser físicamente agresivos al observar modelos, la mayor parte de ese aprendizaje probablemente ocurre durante los primeros 18 a 24 meses de vida. De hecho, la mayoría de las madres cuenta que sus hijos manifiestan alguna forma de agresión física en este rango de edad.12,13 Sin embargo, existen grandes diferencias en la frecuencia de agresión física entre lactantes, y preescolares.14,15,16 Estos estudios muestran que la mayor parte de los niños usa la agresión física ocasionalmente; una minoría utiliza la agresión física mucho menos seguido que la mayoría; mientras que otra minoría hace uso de esta agresión física mucho más frecuentemente. Muchos niños preescolares son referidos a consulta médica por problemas conductuales, principalmente por manifestar conductas de agresión física.17

La información disponible sobre el desarrollo de la agresión física en la edad preescolar revela que la frecuencia del uso de agresión física tiende a aumentar durante los primeros 30 a 42 meses de edad y luego disminuye a un ritmo constante.14-16  Menos niñas que niños alcanzan los niveles de mayor frecuencia, y las niñas tienden a reducir la frecuencia de los actos de agresión más tempranamente en su vida.18

Además, los estudios longitudinales que cubren hasta la adolescencia muestran que el período preescolar es sensible al aprendizaje de la regulación de la agresión física. De hecho, la minoría de los niños de educación primaria (5% a 10%) que sigue manifestando altos niveles de agresión física corre el riesgo más alto de presentar comportamientos físicamente violentos durante la adolescencia.7,8

Es interesante destacar que, aun cuando la frecuencia de la agresión física tiende a disminuir desde el tercer o cuarto año de vida, la frecuencia de agresión indirecta (expresiones despectivas respecto de otra persona dichas a sus espaldas) aumenta sustancialmente entre los cuatro a siete años de edad, y las niñas tienden a usar esta forma de agresión más frecuentemente que los niños.19 

Para las mujeres, los principales factores de riesgo que pueden llevar a tener niños con problemas serios de agresión física son los siguientes: bajo nivel educativo, historial de problemas conductuales, primer embarazo a edad muy joven, fumar durante el embarazo, y bajo nivel de ingresos.14-16,20,21  Un estudio aplicado a una gran muestra de mellizos también apunta a efectos genéticos para explicar diferencias individuales en la frecuencia de agresión física a los 19 meses de edad.22

Conclusiones

Contrariamente a lo que tradicionalmente se creía, los niños no necesitan observar modelos de agresión física para comenzar a usar este tipo de comportamiento. En 1972, Donald Hebb, padre de la psicología moderna, observó que los niños no necesitaban aprender a hacer una pataleta.23 En su libro de 1979 sobre el desarrollo social, Robert Cairns recordó a los estudiantes de desarrollo humano que los animales más agresivos eran aquéllos que habían estado aislados desde su nacimiento.24  De hecho, los lactantes aparentemente usan la agresión física espontáneamente para lograr sus metas cuando sienten coraje. El trabajo pionero de Charles Darwin, Michael Lewis y sus colegas muestra que es posible observar reacciones de coraje incluso a los dos meses de edad.25,26  Además, los niños parecen recurrir espontáneamente a juegos con peleas.27 Por tanto, en lugar de aprender a usar la agresión física en su medioambiente, los niños aprenden a no recurrir a la agresión física mediante distintas formas de interacción con su medioambiente. 

La investigación en torno al desarrollo de la agresión durante la etapa preescolar no ha podido dilucidar adecuadamente los mecanismos que explicarían: 

  1. por qué algunos lactantes son físicamente más agresivos que otros; 
  2. por qué algunos participan poco en agresiones físicas;
  3. por qué las lactantes tienden a manifestar agresión física con menor frecuencia que los lactantes;
  4. por qué la mayoría de los niños aprende a regular la agresión física antes de su ingreso a la escuela; 
  5. por qué algunos no aprenden a regularla; 
  6. por qué los niños comienzan a usar la agresión indirecta; 
  7. por qué las niñas manifiestan más agresión indirecta que los niños; 
  8. hasta qué punto la agresión indirecta reduce la agresión física; 
  9. qué intervenciones son las más efectivas para ayudar a preescolares con problemas a controlar su tendencia a manifestar agresión física. 

Implicaciones para el desarrollo de Servicios y la elaboración de Políticas 

La investigación resumida anteriormente contiene dos implicaciones importantes para prevenir la agresión física. Primero, que la mayoría de los niños aprende alternativas a la agresión física durante la edad preescolar. Por lo tanto, la primera infancia es probablemente la mejor ventana de oportunidad para ayudar a los niños en riesgo de llegar a ser agresores físicos crónicos. El apoyo intensivo a familias de alto riesgo iniciado durante el embarazo debería tener un impacto a largo plazo.28,29,30 Segundo, ya que la mayoría de los seres humanos ha usado la agresión física durante la primera infancia, la mayoría probablemente corre el riesgo de usarla nuevamente si se encuentra en una situación donde parece no existir una alternativa satisfactoria. Esto explicaría por qué muchos crímenes con violencia son ejecutados por individuos sin un historial de agresión física crónica, y por qué tantos conflictos entre familias, grupos étnicos, grupos religiosos, clases socioeconómicas y naciones llegan a la agresión física. 

Las políticas que promueven la educación de calidad durante la primera infancia deberían tender a reducir los casos de violencia crónica y el nivel general de agresión física en la población. Pero también se necesitan políticas dirigidas a mantener ambientes pacíficos en la sociedad para evitar que las reacciones primitivas de agresión rompan la delgada capa de civilidad que adquirimos a medida que crecemos.

Referencias

  1. McCord J, Widom CS, Crowell NA, eds. Juvenile crime, juvenile justice. Washington, DC: National Academy Press; 2001. 
  2. Lipsey MW, Derzon JH. Predictors of violent or serious delinquency in adolescence and early adulthood: a synthesis of longitudinal research. In: Loeber R, Farrington DP, eds. Serious and violent juvenile offenders: risk factors and successful interventions. Thousand Oaks, CA: Sage Publications; 1998:86-105. 
  3. Reiss AJ Jr, Roth JA, eds. National Research Council (U.S.). Panel on the Understanding and Control of Violent Behavior. Understanding and preventing violence. Vol 1. Washington, DC: National Academy Press; 1993:7. 
  4. Tremblay RE. The development of aggressive behaviour during childhood: what have we learned in the past century? International Journal of Behavioral Development 2000;24(2):129-141. 
  5. Tremblay RE, Nagin DS. The Developmental Origins of Physical Aggression in Humans. In Tremblay RE, Hartup WW, Archer J, eds. Developmental origins of aggression. New York, NY : Guilford Press; 2005:84-106.   
  6. Cairns RB, Cairns BD, Neckerman HJ, Ferguson LL, Gariépy JL. Growth and aggression, I: childhood to early adolescence. Developmental Psychology 1989;25(2):320-330. 
  7. Broidy LM, Nagin DS, Tremblay RE, Brame B, Dodge K, Fergusson D, Horwood J, Loeber R, Laird R, Lynam D, Moffitt T, Bates JE, Pettit GS, Vitaro F. Developmental trajectories of childhood disruptive behaviors and adolescent delinquency: a six-site, cross-national study. Developmental Psychology 2003;39(2):222-245. 
  8. Nagin D, Tremblay RE. Trajectories of boys' physical aggression, opposition, and hyperactivity on the path to physically violent and nonviolent juvenile delinquency. Child Development 1999;70(5):1181-1196. 
  9. Brame B, Nagin DS, Tremblay RE. Developmental trajectories of physical aggression from school entry to late adolescence. Journal of Child Psychology and Psychiatry and Allied Disciplines 2001;42(4):503-512.
  10. Barker ED, Séguin JR, White HR, Bates M, Lacourse E, Carbonneau R,  Tremblay RE. Developmental trajectories of male physical violence and theft: Relations to neurocognitive performance. Archives of General Psychiatry 2007; 64(5):592-599. 
  11.  Loeber R, Lacourse E, Homish DL. Homicide, Violence and Developmental Trajectories. In Tremblay RE, Hartup WW, Archer J, eds. Developmental origins of aggression. New York, NY : Guilford Press; 2005:202-219.
  12. Tremblay RE, Japel C, Pérusse D, McDuff P, Boivin M, Zoccolillo M, Montplaisir J. The search for the age of “onset” of physical aggression: Rousseau and Bandura revisited. Criminal Behavior and Mental Health 1999;9(1):8-23.
  13. Alink LRA, Mesman J, Van Zeijil J, Stolk MN, Juffer F, Koot HM, Bakermans-Kranenburg MJ, Van IJzendoorn MH. The early childhood aggression curve: Development of physical aggression in 10-to 50-month-old children. Child Development 2006;77(4):954-966.
  14. Côté S, Vaillancourt T, Leblanc JC, Nagin DS, Tremblay RE. The development of physical aggression from toddlerhood to pre-adolescence: A nation wide longitudinal study of Canadian children. Journal of Abnormal Child Psychology 2006 ;34(1):68-82.
  15. Liben L, Bigler R, eds. The developmental course of gender differentiation: conceptuality, measuring and evaluating constructs and pathways. Malden, Mass : Blackwell Publishing; 2002. Monographs of the Society for Research in Child Development.
  16. Tremblay RE, Nagin DS, Séguin JR, Zoccolillo M, Zelazo PD, Boivin M, Pérusse D, Japel C. Physical aggression during early childhood: Trajectories and predictors. Pediatrics  2004;114(1):e43-e50.
  17. Keenan K, Wakschlag LS. More than the terrible twos: The nature and severity of behavior problems in clinic-referred preschool children. Journal of Abnormal Child Psychology 2000;28(1):33-46. 
  18. Côté SM. Sex differences in physical and indirect aggression: A developmental perspective. European Journal of Criminal Policy and Research 2007;13(3-4):183-200. 
  19. Côté SM, Vaillancourt T, Barker ED, Nagin DS, Tremblay RE. The joint development of physical and indirect aggression: Predictors of continuity and change during childhood. Developmental Psychopathology 2007;19(1):37-55.
  20. Nagin DS, Tremblay RE. Parental and early childhood predictors of persistent physical aggression in boys from kindergarten to high school. Archives of General Psychiatry 2001;58(4):389-394. 
  21. Keenan K, Shaw DS. The development of aggression in toddlers: a study of low-income families. Journal of Abnormal Child Psychology 1994;22(1):53-77. 
  22. Dionne G, Tremblay RE, Boivin M, Laplante D, Pérusse D. Physical aggression and expressive vocabulary in 19 month-old twins. Developmental Psychology 2003;39(2):261-273 
  23. Hebb DO. A textbook of psychology. 3rd ed. Philadelphia, PA: Saunders; 1972. 
  24. Cairns RB. Social development: the origins and plasticity of interchanges. San Francisco, CA: WH Freeman & Co; 1979. 
  25. Lewis M, Alessandri SM, Sullivan MW. Violation of expectancy, loss of control, and anger expressions in young infants. Developmental Psychology 1990;26(5):745-751. 
  26. Lewis M, Sullivan MW, Ramsay DS, Alessandri SM. Individual differences in anger and sad expressions during extinction: antecedents and consequences. Infant Behavior and Development 1992;15(4):443-452.
  27. Peterson JB, Flanders JF. Play and the regulation of aggression. In Tremblay RE, Hartup WW, Archer J, eds. Developmental origins of aggression. New York, NY : Guilford Press; 2005:133-157.
  28. Côté SM, Boivin M, Daniel DS, Japel C, Xu Q, Zoccolillo M, Junger M, Tremblay RE. The role of maternal education and nonmaternal care services in the prevention of children's physical aggression problems. Archives of General Psychiatry 2007;64(11):1305-1312.
  29. Olds D, Henderson CR, Cole R, Eckenrode J, Kitzman H, Luckey D, Pettitt L, Sidora K, Morris P, Powers J. Long-term effects of nurse home visitation on children's criminal and antisocial behavior: Fifteen-year follow-up of a randomized controlled trial. JAMA-Journal of the American Medical Association 1998;280(14):1238-1244. 
  30. Schweinhart L, Xiang Z. Evidence that the High/Scope Perry Preschool Program prevents adult crime. Paper presented at: The 2003 American Society of Criminology Conference. November, 2003; Denver, CO.

Para citar este artículo:

Grossmann K, Grossmann KE.. Desarrollo de la Agresión Física de la Primera Infancia a la Adultez. En: Tremblay RE, Boivin M, Peters RDeV, eds. Enciclopedia sobre el Desarrollo de la Primera Infancia [en línea]. https://www.enciclopedia-infantes.com/agresividad-agresion/segun-los-expertos/desarrollo-de-la-agresion-fisica-de-la-primera-infancia-la. Actualizado: Febrero 2008 (Inglés). Consultado el 24 de junio de 2024.

Texto copiado en el portapapeles ✓