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¿Por qué es importante?

La violencia social se refiere a cualquier tipo de violencia con impacto social cometida por individuos o por la comunidad. Estos actos violentos adoptan diversas formas en los distintos países, incluyendo conflictos armados, violencia de pandillas, agresiones físicas de padres a hijos (por ejemplo, castigos corporales), terrorismo, desplazamiento forzado y segregación. La exposición a la violencia puede ser directa (por ejemplo, ser la víctima de un acto violento) o indirecta (por ejemplo, escuchar hablar de violencia o presenciar violencia que involucra a otros). Durante la última década, más de dos millones de niños menores de 18 años han muerto en todo el mundo como resultado de conflictos armados y al menos seis millones han sido gravemente heridos. También se ha estimado que el 25% y 40% de los niños con edades entre los 2 y 17 años en los Estados Unidos y las regiones sureñas de África, respectivamente, están expuestos a la violencia en su comunidad. Además de haber crecido en la adversidad, la mayoría de estos niños también están socialmente excluidos de la educación formal, asistencia médica, electricidad, agua potable y servicios sanitarios. 

A pesar de estos cálculos elevados, la exposición de los preescolares a la violencia ha sido objeto de poca atención durante las décadas anteriores en comparación con los niños mayores. Sin embargo la violencia social es un tema particularmente importante para estudiar durante este periodo preescolar, teniendo en cuenta que ejerce influencia sobre el desarrollo infantil en los diversos campos (físico, social, neurológico y emocional) y a diferentes niveles. 

¿Qué sabemos? 

Los niños de corta edad son particularmente vulnerables  a la violencia social debido a sus capacidades limitadas para manejar  sus aflicciones psicológicas, reducir la amenaza o resguardarse de la situación. Al estar expuestos a formas directas o indirectas de violencia social, tienen la probabilidad de experimentar estrés severo, incontrolable y crónico, que a su vez afecta los sistemas cerebrales que responden al estrés. Más exactamente, una elevada exposición a la violencia comunitaria crea un estado constante de miedo mediante el aumento de la sensibilidad de los niños a los estímulos externos (por ejemplo, sonidos) y la reducción de su capacidad de abstenerse de participar en una acción específica. Por consiguiente, estas reacciones los ponen en riesgo creciente de desarrollar trastornos mentales, incluyendo depresión, ansiedad y trastorno de estrés postraumático (PTSD), el padecimiento de situaciones negativas de salud, sociales y educativas e implicarse en comportamientos riesgosos (por ejemplo, abuso de drogas, agresión) a lo largo de la niñez y la edad adulta. Estos problemas de ajuste también tienden a ocurrir cuando los niños son sometidos a castigos corporales. En vez de mejorar las los comportamientos perjudiciales, el uso de la fuerza física por los padres predicen realmente más comportamientos agresivos, delincuentes y antisociales en los niños. 

Es importante tener presente que factores tales como la edad y el género de los niños, el grado y el tipo de exposición (directa o indirecta, a través de su impacto sobre los proveedores de cuidado) y el contexto cultural, todos ejercen influencia sobre el impacto negativo de la violencia social sobre los niños. Por ejemplo, el efecto de la violencia comunitaria sobre problemas internalizantes (por ejemplo, depresión, ansiedad) es más fuerte para los niños de más corta edad que para aquellos de mayor edad. Sin embargo, mientras crecen, los niños se implican cada vez más en la respuesta a la violencia comunitaria y experimentan más problemas externalizantes (por ejemplo, comportamientos agresivos/violentos) que los niños menores. Los niños que viven en vecindarios económicamente desventajosos tienen mayor riesgo de estar expuestos a la violencia comunitaria. Finalmente, las respuestas comportamentales de los niños a la violencia comunitaria están influenciadas por la reacción de sus madres a situaciones violentas. Las conclusiones de investigaciones indican que los comportamientos depresivos maternos en respuesta a la violencia comunitaria tienden a aumentar los comportamientos problemáticos de los niños. 

¿Qué podemos hacer?

La confrontación y la prevención de situaciones negativas asociadas a la exposición a la violencia social requieren de intervenciones a nivel de la comunidad y de la sociedad diseñadas para fomentar la adaptabilidad individual, familiar y comunitaria. Teniendo en cuenta que la exposición a la violencia aumenta la probabilidad de los niños de tomar parte en comportamientos riesgosos mientras crecen (por ejemplo, agresión y abandono escolar), el uso de programas multipropósitos diseñados para tratar los primeros factores de riesgo es una vía para promover el funcionamiento social, emocional y comportamental. Otro factor importante que atenúa la influencia de la violencia social sobre los resultados problemáticos de los niños es el bienestar de los proveedores de cuidado. Se recomiendan intervenciones que ofrezcan apoyo a las familias expuestas a la violencia (por ejemplo, visitas domiciliarias). También habría que proporcionar a los padres un techo adecuado, suficientes alimentos, agua limpia y asistencia médica para apoyar el funcionamiento familiar. Estos recursos de soporte probablemente pueden disminuir la angustia de los proveedores de cuidado, y al mismo tiempo reducir  las probabilidades de que los niños de mayor edad perpetúen la violencia. Específicamente, los padres que tienen acceso a servicios de soporte  están en una mejor posición para proporcionar un cuidado seguro, estable y receptivo para reducir las consecuencias negativas de la exposición a la violencia en los niños. Además de atenuar el impacto negativo de la exposición de la violencia sobre los niños, las intervenciones destinadas a mejorar el funcionamiento de la familia y el acceso a servicios de soporte parecen ser útiles en la reducción del uso de castigos corporales. 

También es importante que las agencias gubernamentales y no gubernamentales (por ejemplo, organizaciones sociales, centros académicos y de investigación) unifiquen sus esfuerzos y actúen proactivamente con el fin de prevenir/reducir el acontecimiento de la violencia social. Como ejemplo, el Consejo Nacional de Secretarios de Salud del Brasil (CONASS), en colaboración con sus asociados, ha compilado una serie de estrategias de intervención y programas de política para abordar y prevenir la violencia. La implementación de campañas de educación pública, la promoción de la capacitación  de equipos de programas de salud familiar, y los cambios en la legislación para reducir la violencia sobre la marcha  son partes de sus propuestas para abordar la violencia social. Finalmente,  los responsables de formular políticas deberían estar atentos a la manera cómo las políticas presentes y futuras ejercen influencias sobre las causas de conflictos armados y, potencialmente, mantienen y refuerzan la exclusión de subgrupos. La protección de todos los miembros de la sociedad y la igualdad de acceso a los recursos deberían figurar entre las prioridades de los gobiernos.

Para citar este artículo:

Violencia Social: Síntesis. En: Tremblay RE, Boivin M, Peters RDeV, eds. Tremblay RE, ed. tema. Enciclopedia sobre el Desarrollo de la Primera Infancia [en línea]. http://www.enciclopedia-infantes.com/violencia-social/sintesis. Actualizado: Febrero 2012. Consultado: 11/12/2018.