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Los efectos de la violencia comunitaria sobre el desarrollo del niño

Nancy G. Guerra, EdDa, Carly Dierkhising, MAb

University of Delaware, EE.UU.a, University of California at Riverside, EE.UU.b

Noviembre 2011 (Inglés). Traduccíon: enero 2012

Introducción

Las comunidades en las que los infantes crecen pueden tener un efecto profundo en los adultos en que se convertirán. Muchos niños son criados en un ambiente tranquilo y acogedor con una profusión de recursos. En el otro extremo del espectro, muchos niños crecen bajo condiciones de adversidad. Esto se traduce frecuentemente en la ausencia de los recursos básicos que se necesitan para el desarrollo. Pero la adversidad también puede reflejar la exposición elevada  a los acontecimientos negativos que dan forma a los resultados de vida.

La exposición a la violencia comunitaria está entre las experiencias más perjudiciales que pueden vivir los niños, que afectan su forma de pensar, sentir y actuar. La violencia comunitaria se refiere a la violencia interpersonal en la comunidad que no es cometida por un miembro de la familia y que tiene la intención de causar daño. Puede ser un subproducto de distintas circunstancias, que abarca desde el crimen y violencia en el vecindario, hasta en  los conflictos o guerras civiles continuas. La exposición a la violencia se define como una experiencia indirecta de violencia (por ejemplo, escuchar hablar de la violencia), ser víctima directa de un acto violento, o presenciar violencia que involucra a otros.1

Tristemente, en los EE.UU. e internacionalmente, demasiados niños y jóvenes sufren la  exposición a altos niveles de violencia comunitaria. Por ejemplo, en una encuesta a escala nacional en los EE.UU., el 55% de los adolescentes tuvo algún tipo de exposición a la violencia comunitaria.2 Actualmente en los EE.UU, el homicidio es la segunda causa de màs grande importancia de la muerte de jóvenes con edades entre 10 y 24 años de edad, aunque estas cifras incluyen la violencia familiar  y otras formas de victimización violenta.3 Estas altas tasas se extienden a implicaciones con tipos menores de violencia. Por ejemplo, según la “Encuesta sobre los comportamientos de riesgo entre los jóvenes”,realizada anualmente, con representatividad nacional de estudiantes de secundaria, el  32% de los jóvenes afirman que han estado en una o más peleas físicas durante el último año.3 aunque la violencia atraviesa líneas sociales y demográficas, la exposición a la violencia comunitaria es más alta en zonas urbanas deprimidas y vecindarios urbanos pobres.1

Resultados de las investigaciones

¿Cuál es el impacto de la exposición sobre el desarrollo infantil? Un mensaje claro es que “La violencia engendra violencia”– Los niños sometidos a la violencia tienen más probabilidad de quedar atrapados en un ciclo de violencia que conduce a  futuros comportamientos violentos, incluyendo  la agresión, la delincuencia, crímenes violentos y abuso infantil.4 Esto es válido para todo tipo de exposición a la violencia infantil incluyendo, pero sin limitarse a, la violencia comunitaria.

Además, se ha considerado que la exposición a la violencia contribuye a problemas de salud mental durante la niñez y la adolescencia. Los trastornos psiquiátricos incluyendo la depresión, la ansiedad  y el trastorno de estrés postraumático (PTSD) se encuentran con más frecuencia entre jóvenes expuestos a la violencia comunitaria.5 Muchos niños tienen más de un síntoma o trastorno. Por ejemplo, en una encuesta nacional sobre la exposición de los adolescentes a la violencia, casi la mitad de los muchachos diagnosticados con PTSD mostraron un diagnóstico de depresión comórbida, y casi una tercera parte tenía trastornos comórbidos por usos de estupefacientes. Entre las muchachas diagnosticadas con  PTSD, más de dos tercios  tenían también un diagnóstico  de depresión comórbida y un cuarto sufría de trastornos comórbidos por usos de drogas.6

Se ha revelado  que los síntomas de PTSD tienen una relación escalonada con la exposición a la violencia comunitaria donde los niveles más altos tienen que ver con la expresión creciente de síntomas.2 En la adolescencia, los síntomas de PTSD pueden manifestarse como  comportamientos externalizantes  cuando los jóvenes están hiperexcitados y demasiado sensibles ante amenazas percibidas;  a la inversa, los jóvenes pueden parecer deprimidos e introvertidos. Los estudios encuentran típicamente diferencias de género en los resultados, con los muchachos que se vuelven más agresivos y las muchachas más deprimidas como resultado de la exposición a la violencia comunitaria.7

Además de documentar el impacto de la violencia sobre los resultados en los niños,  un conjunto reciente de investigaciones ha examinado el proceso subyacente de la heterogeneidad de este impacto, y particularmente para niños de diferentes edades. La exposición a la violencia tiene influencias sobre el desarrollo en muchos campos y en diferentes etapas. Puede tener impacto sobre el desarrollo neurológico, físico, emocional y social de los niños, y frecuentemente conducen a una avalancha de problemas que interfieren con la adaptación.

Para los niños muy jóvenes, de corta edad, la exposición repetida a la violencia comunitaria puede contribuir a problemas que forman relaciones positivas y  confiadas necesarias para que los niños exploren su entorno y desarrollen un sentido de confianza en ellos mismos.8 Las dificultades que forman estas relaciones vinculantes pueden interferir con el desarrollo de un sentido básico de confianza  y pueden comprometer futuras relaciones en la edad adulta. Una inquietud particular es el efecto de estas experiencias sobre el cerebro en desarrollo del niño. Además, como el cerebro se desarrolla de manera secuencial, los trastornos en la vida temprana pueden poner en marcha una cadena psicológica de desarrollo que se vuelve cada vez más difícil de interrumpir. Para los niños que son “incubados en el terror,” las adaptaciones neurobiológicas que permiten al niño sobrevivir en entornos violentos pueden a la larga conducir a la violencia y a problemas de salud mental incluso cuando ya no se puedan adaptar.9

La supervivencia humana depende de la activación de la respuesta de “la reacción de luchar o fugarse” ante amenazas potenciales. Aun para muchos niños, la exposición elevada a la violencia comunitaria crea un estado constante de miedo, que activa el aparato de respuesta al estrés en el sistema nervioso central. Esto presagia un cúmulo de resultados problemáticos, incluyendo la hipersensibilidad a estímulos externos, una creciente respuesta de sobresalto y problemas que afectan la regulación.10 Esta reacciones crea el marco para problemas de salud mental,  cogniciones distorsionadas y problemas de comportamiento.

La relación entre la exposición a la violencia comunitaria, el desarrollo cognitivo social, y el comportamiento se ilustra mejor en el examen de los mecanismos involucrados en el ciclo de la violencia. Mientras los niños crecen y desarrollan una comprensión cognitiva más sofisticada del mundo social, el plano del desarrollo neurológico vinculado a la exposición temprana a la violencia puede traducirse fácilmente en una visión distorsionada del mundo. Para algunos niños (en particular niños), puede conducir a la hipervigilancia ante las amenazas, la atribución errónea de intención o voluntad para aprobar la violencia.11 Mientras estos patrones de cognición se vuelven cada vez más estables con el tiempo, pueden conducir a patrones característicos de pensamiento y acción  relacionados  con comportamiento agresivo y violento.12 En esencia, estos esquemas internalizados acerca de la necesidad y de la conveniencia de la agresión, sirven como los mecanismos a través de los cuales la violencia comunitaria  contribuye a la agresividad y la violencia en el futuro.13

Vacíos de la investigación

La violencia comunitaria no ocurre en el vacío. Ocurre con frecuencia en conjunción con otros tipos de violencia. En particular para los niños de corta edad,  la familia es la fuente primaria de exposición a la violencia, aunque frecuentemente esta exposición es mayor para los niños que viven en comunidades de alta violencia.8,9 Aunque algunos estudios previos han abordado mas ampliamente la importancia del contexto ecológico, todavía es el caso de que muchos estudios examinan los efectos de la exposición dentro de un solo contexto. Además, los niños y jóvenes expuestos a altos niveles de violencia comunitaria generalmente sufren de otros agentes estresantes o factores de riesgo en sus comunidades, en sus familias o entre sus semejantes. Es importante que los estudios desenreden los efectos de múltiples experiencias estresantes sobre el desarrollo y ello para identificar igualmente la contribución excepcional de la exposición a la violencia.

En general, la investigación ha considerado la “exposición a la violencia” como un solo fenómeno, con pocos estudios que examinan los efectos excepcionales de oir hablar de violencia, de presenciarla o de ser víctima de ella. Estos efectos también pueden variar según la edad. Teniendo en cuenta su importancia crítica para la prevención y la intervención,  las futuras investigaciones se pueden basar en estudios sobre la resiliencia (adaptación frente a la adversidad), para destacar los factores individuales y contextuales que fomentan la adaptación en entornos violentos (aunque claramente una mejor solución sería de disminuir los niveles de exposición a la violencia). De hecho, la mayoría de los jóvenes expuestos a la violencia comunitaria no sufren efectos negativos.14

Conclusiones

En los EE.UU. y a escala internacional, los niños están expuestos frecuentemente a altos niveles de violencia comunitaria. Algunas encuestas recientes calculan que más del 50% de los niños y jóvenes han sufrido algún nivel de exposición a  violencia comunitaria. Esta experiencia ha tenido un impacto negativo sobre el desarrollo, lo que conduce a problemas emocionales, sociales y de comportamiento crecientes. Una conclusión de peso es la relación entre la exposición a la violencia y la posterior agresión y violencia, conocida como “ciclo de violencia”. En otras palabras, los niños que ven o sufren  alrededor de ellos son más propensos a usar violencia al crecer y al llegar a la edad adulta. Los efectos de la exposición a la violencia son particularmente problemáticos para los niños pequeños y son considerados elementos que afectan adversamente el desarrollo cerebral. Los trastornos a temprana edad pueden poner en marcha una cadena psicológica de desarrollo que se vuelve cada vez más difícil de interrumpir. Además de los niveles más altos de comportamiento agresivo, los trastornos psiquiátricos incluyendo depresión, ansiedad y trastorno de estrés postraumático (PTSD) se encuentran con más frecuencia entre jóvenes expuestos a la violencia comunitaria. Sin embargo, la mayoría de los jóvenes que crecen en entornos violentos no desarrollan problemas de salud mental o de comportamiento, aunque se necesita más investigación para comprender los procesos específicos de capacidad de recuperación.

Implicaciones para los padres, los servicios y las políticas

No hace falta mencionar que la respuesta más importante a la exposición a la violencia  comunitaria es de trabajar mancomunadamente para reducir la violencia en el entorno donde crecen los niños. Hay muchos ejemplos de estrategias  efectivas basadas en la comunidad para reducir la violencia. Los padres también pueden limitar la exposición de los niños a la violencia, incluso en vecindarios más violentos, mediante el monitoreo y la supervisión de sus actividades. También pueden restringir la exposición a la violencia en otros entornos, por ejemplo, limitando la exposición de los niños a la televisión, el cine y los videojuegos violentos. Teniendo en cuenta  que la exposición a la violencia afecta a la reactividad del estrés del niño, los programas de prevención e intervención  que ayudan a los niños a comprender y manejar su  estrés son ingredientes importantes para la promoción de la capacidad de recuperación y de adaptación para los niños expuestos a la violencia.

Referencias

  1. Richters, J. E., and Martinez, P. E. (1993). The NIMH community violence project: I. Children as victims of and witnesses to violence. Psychiatry, 56, 7-21.
  2. McCart, M., Smith, D. W., Saunders, B. E., et al. (2007). Do urban adolescence become desensitized to community violence? Data from a National Survey. American Journal of Orthopsychiatry, 77, 3, 434-442.
  3. Centers for Disease Control and Prevention (CDC, 2011). Youth violence statistics. Available at: http://www.cdc.gov/violenceprevention/youthviolence/stats_at-a_glance/index.html. Accessed November 11, 2011.
  4. Dodge, K. A., Bates, J. E., & Pettit, G. S. (1990). Mechanisms in the cycle of violence. Science, 250, 1678-1683.
  5. Sheidow, A., Gorman-Smith, D., Tolan, P. H., & Henry, D. (2001). Family and community characteristics: Risk factors for violence exposure in inner-city youth. Journal of Community Psychology, 29, 345-360.
  6. Kilpatrick, D. G., Smith, D. W., Saunders, B. E. et al. (2007). Violence and risk of PTSD, major depression, substance abuse/dependence, and comorbidity: Results from the National Survey of Adolescents.Journal of Consulting and Clinical Psychology, 71, 692-700.
  7. Attar, B., Guerra, N. G., & Tolan, P. (1994). Neighborhood disadvantage, stressful life events, and adjustment in elementary school children. Journal of Clinical Child Psychology, 23, 394-400.
  8. Osofsky, J. D. (1995). The effect of exposure to violence on young children. American Psychologist, 50, 782-188.
  9. Perry, B. D. (1997). Incubated in terror: Neurodevelopmental factors in the ‘cycle of violence.’ In J. Osofsky (Ed.), Children, youth, and violence: The search for solutions (pp. 124-148). New York: Guilford Press.
  10. Pynoos, R. (1990). Post-traumatic stress disorder in children and adolescents. In B. Garfinkel, G. Carlson, & E. Weller (Eds.). Psychiatric disorders in children and adolescents (pp. 48-63). Philadelphia, PA: W.B. Saunders.
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  13. Guerra, N. G., Huesmann, L. R., & Spindler, A. (2003). Community violence exposure, social cognition, and aggression among urban elementary-school children. Child Development, 74, 1507-1522.
  14. Guerra, N. G. (1997). Intervening to prevent childhood aggression in the inner city. In J. McCord (Ed.), Violence and childhood in the inner city (pp. 256-312). Guggenheim Foundation/Cambridge University Press.

Para citar este artículo:

Guerra NG, Dierkhising C. Los efectos de la violencia comunitaria sobre el desarrollo del niño. En: Tremblay RE, Boivin M, Peters RDeV, eds. Tremblay RE, ed. tema. Enciclopedia sobre el Desarrollo de la Primera Infancia [en línea]. http://www.enciclopedia-infantes.com/violencia-social/segun-los-expertos/los-efectos-de-la-violencia-comunitaria-sobre-el-desarrollo-del. Publicado: Noviembre 2011 (Inglés). Consultado: 11/12/2018.