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La violencia social afecta a los niños pequeños a muchos niveles y de muchas maneras: en los planos físico, social y emocional.

Es más probable que experimenten estrés grave, incontrolable y crónico, lo que afecta a su capacidad de reacción a situaciones estresantes. Si los niños están en un estado constante de miedo, se vuelven insensibles a los estímulos externos (como por ejemplo, sonidos) y tiene problemas para recuperarse de sentimientos negativos.    

Con el tiempo, estas reacciones pueden causar trastornos mentales, como depresión, ansiedad y síndrome de estrés postraumático. También pueden causar problemas de salud, sociales y escolares, y pueden hacer a los niños más propensos a participar en conductas de riesgo (como agresión y abuso de sustancias) a lo largo de su infancia y de su vida adulta. 

Es evidente que la violencia es dañina para los niños. Habría que dedicar todos los esfuerzos posibles para proteger a los niños de esta, y para encontrar maneras efectivas de apoyar a los niños expuestos a ella.