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¿Por qué es importante?

Los niños y sus familias experimentan una gran discontinuidad en el proceso de transición al jardín infantil. Este cambio es notable, a pesar del hecho que más del 80% de los niños en los Estados Unidos son cuidados por una persona externa a la familia, de forma regular, antes de esta etapa. Muchos niños son capaces de hacer la transición de forma adecuada, comportándose hábilmente con los pares, interactuando apropiadamente con los profesores en estos nuevos contextos sociales, y mostrando generalmente una adaptación apropiada, todo lo cual permite predecir éxito en la escuela primaria. Sin embargo, otros niños no experimentan esta transición tan fácilmente, ya sea porque no están preparados para la escuela, o por que las escuelas no están preparadas para ellos. 

Es por ello que investigadores, legisladores, educadores y padres están intentando descubrir qué significa verdaderamente para los niños estar listos para la escuela. Algunos aspectos importantes en el apresto escolar son el desarrollo emocional, social, cognitivo, lingüístico, motor y físico, así como las actitudes hacia el aprendizaje y conocimiento general. Una encuesta estadounidense a educadores de jardín infantil mostró que ellos identificaron a los niños preparados para la escuela como aquéllos que están en condiciones físicas saludables, que descansan y se alimentan adecuadamente, son capaces de comunicar verbalmente sus necesidades, deseos y pensamientos; y son entusiastas y deseosos de acceder a nuevas actividades. En cambio, los padres definen normalmente la preparación escolar en términos de la adquisición de habilidades académicas, tales como la capacidad de contar o conocer el abecedario. Ambas perspectivas son complementarias y necesitan reconciliarse. 

El apresto escolar conduce al éxito en la escuela. La evidencia recabada ha revelado que el comportamiento de los niños durante los años de la escuela primaria (jardín infantil a tercer grado) guarda una relación importante con el éxito posterior en la escuela y en la vida adulta; es por esto que comprender cómo los niños pequeños están mejor preparados para ingresar y tener éxito en la educación básica se ha transformado en una prioridad para los padres, educadores, legisladores e investigadores.

¿Qué sabemos?

Se considera que un niño tiene éxito en la escuela cuando ha desarrollado una actitud positiva hacia la escuela y el aprendizaje; ha formado lazos sociales protectores con educadores y compañeros de clase, ha experimentado emociones positivas y agradables; se involucra y participa positivamente en las actividades de aula y muestra avances y logros académicos. 

La investigación sobre el apresto escolar se ha focalizado en indicadores tempranos que se relacionan estrechamente con el éxito escolar. Por lo tanto, los factores que contribuyen y definen el “apresto escolar” estarían constituidos por los primeros signos de habilidad cognitiva y de madurez, así como las habilidades sociales relacionadas al trabajo y aprendizaje y destrezas auto regulatorias. La edad de los niños también es un indicador de preparación escolar en lo que se refiere al grado de la madurez observada en el campo auto regulatorio, social y cognitivo. No obstante, la edad en sí misma no representa un predictor confiable del éxito escolar posterior.  

Existen otros factores que pueden influir en el éxito de los niños en la escuela y la vida adulta, tales como sus rasgos de personalidad, sus antecedentes familiares, el ambiente en el cual el niño fue cuidado anteriormente, y el tipo de relaciones con sus educadores y pares. Estas categorías parecen funcionar de acuerdo a una modalidad transaccional (por ejemplo, bidireccional) e interactiva (multiplicativa), más que a una lógica aditiva. Es así que los niños cargan con sus propias características personales, como género, edad, capacidades, lenguaje, experiencias anteriores y disposiciones conductuales (por ejemplo, agresividad, capacidades auto regulatorias, sociabilidad y reducción de la ansiedad), que pueden afectar la forma en que se relaciona con sus compañeros, profesores y el ambiente escolar. A su vez, el tipo de relación que el niño crea con sus educadores y pares brinda una contribución independiente a su adaptación escolar y psicológica, además de las disposiciones cognitivas y conductuales de éstos. Una larga exposición a experiencias negativas (por ejemplo rechazo/victimización de los pares o educadores, aislamiento) o a aspectos positivos de estas relaciones sociales (aceptación del grupo de pares) tiene mayores consecuencias para la adaptación escolar y psicológica de los niños que la exposición transitoria. 

Asimismo, los padres también tienen un papel que desempeñar cuando determinan si su hijo está preparado o no para ingresar a la escuela. La calidad del vínculo padres-hijo, especialmente la sensibilidad parental y la estimulación, guarda una correlación clara y frecuentemente confirmada, con el éxito escolar temprano, ya sea como un determinante principal, o como un factor protector. 

Existen también investigaciones que demuestran que las características del ambiente del centro de cuidado diario del niño afectan directamente la transición y su adaptación a la escuela. Estos efectos aparecen incluso más agudizados entre los niños expuestos a condiciones de alto riesgo. Los programas basados en principios como atención de calidad, mayor capacitación del personal encargado del cuidado de los niños y menor cantidad de niños por programa contribuyen positivamente a su preparación escolar. Las necesidades educativas y la capacidad del niño beneficiarse de la escuela dependen del tipo de centros educacionales que van encontrando a medida que se trasladan del hogar a la escuela y luego de curso en curso, en los distintos niveles de enseñanza. 

Las escuelas y comunidades también contribuyen significativamente al vínculo de los niños con la escuela, tanto en su proceso de transición como en la participación escolar posterior.  

En resumen, las experiencias escolares iniciales de un niño son cruciales. Las investigaciones en la materia sugieren que los resultados escolares de los niños, especialmente los logros alcanzados, permanecen asombrosamente estables tras los primeros años de escuela; las intervenciones son más propensas a tener éxito en los primeros años; la forma en que el niño se adapte a las primeras experiencias escolares tendrá implicancias a largo plazo para su desarrollo social y cognitivo, o en la deserción de la secundaria.

¿Qué podemos hacer?

Al tomar en consideración los sólidos vínculos entre el apresto escolar y el éxito posterior de los niños en la escuela y en su vida adulta, la atención se centra en la optimización del apresto escolar. Esto puede lograrse al orientar los programas de la primera infancia, que parecen jugar un papel importante en los niños pequeños en riesgo social provenientes de familias con dificultades económicas. 

En efecto, se ha demostrado que los programas de alta calidad orientados a niños pequeños son efectivos a la hora de modificar los ambientes en que los bebés se desarrollan en los primeros años, lo cual redunda en un mejor desarrollo infantil. Entre los programas que han sido  rigurosamente evaluados, el de Ventaja Inicial (Early Head Start) ha obtenido los resultados más impactantes, porque ha contribuido en las diferentes dimensiones de la preparación de los niños pequeños (de dos y tres años de edad) y, al mismo tiempo, ha aumentado los factores que apoyan el mejoramiento del apresto escolar (por ejemplo, buena enseñanza de los padres,  nutrición apropiada y cuidado de la salud).  

Las condiciones cruciales que apoyan todos los aspectos del apresto escolar han sido identificadas como: nutrición apropiada y el cuidado de la salud, los padres como los primeros educadores de los niños, y el acceso a educación preescolar de calidad y a programas de educación. 

Para que los beneficios positivos de los programas de la primera infancia sean duraderos, los programas deben ser de excelencia y centrados en actividades didácticas de aprendizaje (letras y números), en la medida que refuerzan las actividades de aprendizaje por descubrimiento, orientadas al juego en un ambiente de apoyo emocional y rico en experiencias de lenguaje. Muchos programas exitosos también incluyen un componente familiar. Los programas diseñados para preparar a los niños para el jardín infantil necesitan tomar en cuenta las formas en las que enseñan habilidades auto regulatorias y sociales y en cómo aumentan las destrezas cognitivas e involucran a los padres en este proceso. Sin embargo, existe aún escasa evidencia empírica sobre el impacto de estos programas en el apresto escolar de los niños. 

En consecuencia, es deseable enfocarse en el período de transición escolar para mejorar la preparación de los niños, así como de las escuelas. No obstante, dado que la preparación escolar es multidimensional, los padres y cuidadores aún difieren sobre lo que el término realmente significa. Por lo tanto, las prácticas de transición  son necesarias para ayudar a las familias y escuelas a lograr un criterio común sobre la edad adecuada para ingresar a la escuela, así como desarrollar expectativas racionales durante el año de jardín infantil.

Pese a que no hay consenso entre los diferentes actores involucrados, algunas prácticas han posibilitado experiencias de transición escolar óptimas. Cuando los servicios a preescolares y a niños en edad escolar se encuentran integrados y coordinados el éxito es mayor al momento del ingreso a la escuela. En el mismo sentido, y antes del ingreso al jardín infantil, se debería establecer una relación de comunicación entre el niño, las parvularias, los docentes de preescolar, los pares y la familia. Las prácticas deberían ser individualizadas e involucrar al niño, la familia y los establecimientos antes del primer día de clases. Además, deberían construirse ambientes de aula de calidad para cubrir las necesidades de los niños.  La evidencia señala que los educadores que se capacitan en prácticas de transición tienden a mejorar el uso de todos estos tipos de prácticas.  

En la realidad, sin embargo, la mayoría de los niños no recibe suficiente ayuda formal antes de entrar al colegio, y muchos de los servicios que se ofrecen no tienen un carácter riguroso y tienden a llevarse a cabo tardíamente, poco antes de que los niños entren al jardín infantil. Pese al significativo aumento de las inversiones en programas preescolares, se mantiene la brecha de logros entre los niños de diferentes sectores socio-económicos. Al respecto, se necesita más investigación para comprender mejor el proceso de transición en los primeros años de vida. Desde una perspectiva política, resalta la falta de acuerdos sobre la importancia y buenas prácticas que mejoren el apresto escolar.

Para citar este artículo:

Transición a la Escuela: Síntesis. En: Tremblay RE, Boivin M, Peters RDeV, eds. Enciclopedia sobre el Desarrollo de la Primera Infancia [en línea]. http://www.enciclopedia-infantes.com/transicion-la-escuela/sintesis. Actualizado: Julio 2017. Consultado: 19/05/2019.