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¿Por qué es importante?

Actualmente, un número creciente de niños canadienses están en algún tipo de programa de jardín infantil. En el 2002–2003, un 54% de niños canadienses entre los seis meses y los cinco años de edad asistieron a algún tipo de centros de cuidado de niños. Comparadas estas cifras con las estadísticas de 1994-1995, que llegaban al 42%, queda claro que la cantidad de preescolares inscritos en estas iniciativas va en aumento.1

El número de familias que optan por programas preescolares también ha ido creciendo. Algunos de los lugares posibles para la implementación de las intervenciones incluyen jardines infantiles, salas cuna, preescolares, parvularios, centros de desarrollo infantil, grupos de juego y el programa Head Start. Lo anterior puede atribuirse a la gran cantidad de madres con hijos pequeños que ingresan a la fuerza laboral en todo el mundo y al conocimiento, ampliamente difundido, respecto de la importancia que tiene una educación infantil temprana de calidad, lo que ha sido demostrado por las últimas investigaciones sobre el desarrollo del cerebro humano y la revisión evaluativa sobre los modelos de los programas de la infancia temprana. 

Los programas preescolares brindan cuidado y educación a los niños en los años previos al ingreso a la escuela. Son programas estructurados con actividades recurrentes, cuyo contenido es fundamental en el apoyo y reforzamiento del aprendizaje y desarrollo de los niños. El currículo de estos programas constituye la primera línea de las experiencias infantiles: lo que se enseña y lo que se aprende.  

¿Qué sabemos?

Con frecuencia, se ha vinculado el cuidado y la educación de calidad con beneficios cognitivos y socioemocionales para el desarrollo de los más pequeños, a corto y largo plazo. 

Tal como lo indican estudios en la materia, se ha demostrado que los programas preescolares con financiamiento público, como Head Start, afectan diversos aspectos del desarrollo emocional, social y cognitivo del niño. Entre los resultados de estudios preescolares de corto plazo, como el Estudio Nacional del Impacto de Head Start (Head Start Impact Study) y la Encuesta sobre las Experiencias del Niño y su Familia en el programa de Head Start (Head Start Family and Child Experiences Survey) figuran el crecimiento infantil en nivel de lectoescritura, vocabulario, destrezas de escritura temprana y destrezas sociales, además de una reducción de los problemas conductuales. Los beneficios para las familias incluyen el acceso al sistema de salud y menor uso de castigo o disciplina físico. 

Estudios de Programas Evaluativos, tales como el Estudio Preescolar Perry de Amplio Alcance (High/Scope Perry Preschool Study), el Estudio Abecedario de Carolina (Carolina Abecedarian Study), y el Estudio Longitudinal de Chicago (Chicago Longitudinal Study) han encontrado una variedad de importantes efectos positivos a largo plazo en sus participantes, incluyendo capacidad intelectual, compromisos y logros escolares, finalización de la secundaria, asistencia escolar más regular y menor tendencia a repetir el año escolar. También se han registrado mejores resultados a largo plazo en las posibilidades laborales de los adultos, acceso a mejores salarios, así como en tasas de empleo, ubicación en escuelas especiales, menor índice en arrestos juveniles y embarazos adolescentes. Estos estudios también han demostrado sustanciales retornos económicos en inversiones, llegando hasta los US$17.07 por dólar invertido. 

El currículo (los contenidos de lo que se enseña y lo que se aprende), tema que se ha abordado empíricamente, es un componente crucial en los programas preescolares. Las teorías sobre desarrollo del niño han constituido las bases principales para el desarrollo del modelo curricular. Las variaciones entre modelos curriculares reflejan las diferencias respecto de la importancia otorgada a lo que es más o menos importante en el aprendizaje infantil, así como las diferencias del proceso a través del cual se cree que los niños aprenden y se desarrollan. Estas variaciones reflejan el papel de los docentes, el enfoque del currículo, la estructura de la sala de clases y las formas de participación de los niños en el proceso de aprendizaje.  

Los modelos curriculares de la infancia temprana también difieren en términos de la libertad que se otorga a los docentes para interpretar la forma en la que se implementa el marco del modelo. Algunos esquemas curriculares son altamente estructurados e incluyen programaciones detalladas para el funcionamiento docente. Otros, en tanto, se limitan a resaltar los principios orientadores y permiten que los docentes determinen la mejor forma de desarrollarlos. Los modelos curriculares, más allá de sus objetivos y del grado de flexibilidad en su implementación, se diseñan para fomentar la transversalización de los programas de infancia temprana a través del uso de currículos preparados, técnicas de instrucción sistemáticas y resultados predecibles en el aprendizaje. 

Cada modelo curricular produce efectos significativamente diferentes en los niños. Los resultados en el niño son contingentes no sólo sobre el currículo, sino que también sobre el temperamento del niño, los antecedentes familiares, la clase social, las tradiciones culturales y las calificaciones y la calidad del docente.  

¿Qué podemos hacer?

A la hora de analizar la calidad normalmente se miden dos dimensiones que constituyen variables de procesos (por ejemplo, la naturaleza de las interacciones infantiles con los cuidadores adultos) y variables estructurales (cantidad de alumnos por docente, tamaño del curso y entrenamiento y conocimientos del docente). La creciente preocupación por el desarrollo temprano ha concentrado la atención de legisladores y profesionales sobre los contenidos educativos o el currículo de los programas preescolares. 

Hasta ahora, no se ha comprobado que un modelo curricular específico sea más efectivo que otro; sin embargo, los expertos y las principales organizaciones nacionales han identificado los siguientes aspectos clave de un modelo curricular efectivo: 

  • Los niños son participantes activos y se involucran artística, social, física y cognitivamente en el proceso de aprendizaje. 
  • Los objetivos del currículo son claramente definidos, compartidos y comprendidos por todos los adultos que participan en el aprendizaje infantil. 
  • Los docentes interactúan frecuente y significativamente con los niños. 
  • El currículo se basa en evidencias que indiquen que éste sea relevante en el desarrollo, lingüística y culturalmente, de los niños, quienes experimentarán las consecuencias de los distintos diseños académicos. 
  • El currículo se construye sobre el aprendizaje y las experiencias infantiles ya existentes. 
  • El currículo debería cubrir todas las áreas de desarrollo, incluyendo la salud física, el bienestar y el desarrollo motriz, el desarrollo socioemocional, los enfoques de aprendizaje, el desarrollo del lenguaje, la cognición y la cultura general. 
  • El currículo es congruente con estándares de aprendizaje y evaluaciones adecuadas. 

Las necesidades infantiles varían significativamente, haciendo impracticable la identificación de un modelo curricular ideal. No obstante, el currículo es central no sólo para el conocimiento y las destrezas que los niños adquieren, sino también para la aplicación de enfoques pedagógicos particulares y la naturaleza de las interacciones entre el docente/cuidador y el niño.  

Por el contrario, se necesitan nuevas investigaciones para determinar las condiciones bajo las cuales algunos currículos funcionan mejor con cierto tipo de niños. El segundo informe de la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OCDE), Starting Strong II, constituye una síntesis de los hallazgos de una revisión comparativa de la educación infantil temprana y los programas de cuidados de niños y políticas públicas realizados en 20 países (incluyendo Canadá) entre los años 1998 y 2005. En él se formulan dos recomendaciones: 1) que se sitúe al bienestar, al desarrollo y al aprendizaje temprano en el centro de la educación de la primera infancia, en lo relativo a los organismos especializados en la materia y las estrategias de aprendizaje natural; 2) que desarrollemos pautas generales y estándares curriculares en conjunto con todos los involucrados para todos los servicios de educación temprana. 

Aunque los enfoques dominantes en los Estados Unidos y Canadá pueden ser diferentes en algunos niveles, los elementos fundamentales transversales a todas las discusiones sobre programas preescolares efectivos son la necesidad de una fuerza laboral receptiva, reflexiva y calificada para la educación de la primera infancia, con el objetivo de establecer programas preescolares como ambientes de aprendizaje tempranos.    

Referencia

Statistics Canada. Child care: An eight-year profile, 1994-1995 to 2002-2003. The Daily April 5, 2006. Disponible en: http://www.statcan.ca/Daily/English/060405/d060405a.htm. Visitado el 25 de febrero de 2010.

Para citar este artículo:

Programas Preescolares: Síntesis. En: Tremblay RE, Boivin M, Peters RDeV, eds. Melhuish E, ed. tema. Enciclopedia sobre el Desarrollo de la Primera Infancia [en línea]. http://www.enciclopedia-infantes.com/programas-preescolares/sintesis. Actualizado: Febrero 2010. Consultado: 19/05/2019.