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Mucha gente afirma que el TDAH auténtico aparece en los años de preescolar, y que los síntomas son objetivos. Con esto quieren decir que todos los observadores llegarían a la misma conclusión. Esta perspectiva suele ser acertada, pero no es infalible.

Aunque en los infantes de edad de preescolar el diagnóstico de este trastorno está en manos de especialistas, en el día a día los padres son los expertos en la salud de su hijo. Si perciben que su hijo está inquieto, distraído o impulsivo; si tiene problemas para controlar sus reacciones, necesita moverse o tiene problemas para esperar su turno, los cuidadores deben escuchar atentamente. 

En circunstancias ideales, el especialista trabajaría con los padres para observar el comportamiento del infante en diversos ambientes y así considerar si el problema puede tener otra causa (por ejemplo, expectativas de los padres, estrategias de afrontamiento, niveles de estrés o situación socioeconómica).

En algunos casos, el TDAH se vuelve sintomático en una fase mucho más tardía del desarrollo, después de empezar la escuela o más tarde en ese periodo.

En todos los casos, el factor determinante del diagnóstico es la presencia de una discapacidad, ya sea a nivel social, académico o emocional.