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La mejor manera de prevenir la obesidad infantil es empezar antes del nacimiento, y tener en cuenta cualquier problema prenatal o genético. 

Los profesionales de la salud pueden hacer lo siguiente: 

  • Ayudar a las mujeres con sobrepeso, antes del embarazo y durante, a modificar su dieta y sus hábitos. Esto puede reducir el riesgo de obesidad y diabetes en el útero.
  • Realizar seguimientos de las mujeres embarazadas y de los bebés para comprobar si ganan peso, especialmente en los casos en los que hay condiciones genéticas que puedan hacerlos más vulnerables a la obesidad. 
  • Ofrecer formación a los nuevos padres para promover buenos hábitos alimentarios y de sueño en sus niños.
  • Los padres también pueden animar, y pueden ser buenos modelos a seguir para una alimentación sana y actividad física, incluyendo limitar el tiempo frente al ordenador o el televisor y el acceso a alimentos de alto contenido calórico. Asimismo, las escuelas pueden integrar tiempo durante la jornada escolar para jugar activamente. 

Todas estas estrategias deberían basarse en sus beneficios para la salud, más que en la pérdida de peso.