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Desarrollo y socialización de la agresión durante los primeros cinco años de vida

Kate Keenan, PhD

University of Chicago, EE.UU.

Junio 2002 (Ingles). Traducción: noviembre 2009

Introducción

Socializamos a los niños para que desaprendan patrones de comportamiento agresivo durante los primeros años de vida. De hecho, uno podría argumentar que la mayoría de ellos no desarrolla problemas de agresión porque como lactantes se les presentan oportunidades de experimentar intensas emociones negativas y manifiestan la agresión entre los 1-3 años de edad (toddlers), pero la repetición de estas conductas inaceptables es desalentada de distintas maneras. En los primeros años de vida, los contextos sociales permiten que los niños desarrollen estrategias que incentivan su capacidad de regulación emocional, y actúan como alternativas adaptativas a la agresión. Cuando los niños se ven ante obstáculos significativos para desarrollar dichas estrategias, desarrollan un funcionamiento emocional y conductual menos que óptimo, lo cual produce déficits considerables en las relaciones sociales con quienes los cuidan (principalmente los padres) y con sus pares. Los preescolares que no logran desarrollar estrategias apropiadas a su edad para regular su comportamiento agresivo están altamente expuestos al riesgo de manifestar comportamientos antisociales y agresivos crónicos más adelante. 

Materia

No cabe duda de que los primeros cinco años de vida plantean experiencias de desarrollo muy desafiantes tanto para los niños como para quienes los cuidan. En este período ocurren muchos cambios socioconductuales y cognitivos en los pequeños, entre ellos el desarrollo del autocontrol y la capacidad de tolerancia frente a la frustración. El surgimiento de habilidades verbales y de lenguaje cada vez más complejas, la consciencia de sí mismo, y el comportamiento orientado a metas, contribuyen a crear una fuerte presión de independencia en los niños. Al mismo tiempo, los padres comienzan a imponer reglas y límites en respuesta a la recién descubierta autonomía de sus hijos, pero también como parte natural del proceso de socialización. Los choques entre la autoafirmación de los niños y los esfuerzos de los padres por imponer límites, conducen a episodios cada vez más frecuentes de frustración y molestia. Por tanto, en la primera infancia es frecuente que exista algún nivel de conducta agresiva. Cómo diferenciar las manifestaciones de agresión normativas de las no normativas constituye una meta clínicamente relevante y científicamente necesaria para la investigación etiológica y la prevención de la violencia.

Problemas

Definir el desarrollo problemático de la agresión durante la edad preescolar ha resultado ser una tarea controvertida.1 En términos precisos, existe temor a usar etiquetas o conceptos inapropiados que pudieran desfavorecer el desarrollo de los niños. De hecho, la literatura en el campo de la psicología del desarrollo y la psicología anormal, define la agresión en términos muy amplios,2 describiendo un conjunto de comportamientos que van desde típicos y adaptativos a atípicos y maladaptativos. Pero los profesionales científicos y los formuladores de políticas requieren definiciones más concisas y consistentes respecto a lo que es atípico. A nivel científico, la comparación entre estudios es crucial y requiere claras definiciones conductuales para problemas severos. A nivel de políticas públicas, muchos profesionales se preocupan de no patologizar comportamientos que son normales desde el punto de vista del desarrollo. Pero a pesar de que estos temas provoquen controversia, los preescolares que manifiestan problemas severos de comportamiento corren un alto riesgo de continuar su comportamiento problemático y tienen la necesidad de ser atendidos. 

Contexto de Investigación

Hoy contamos con datos empíricos sobre el surgimiento temprano y la alta incidencia de agresión en muestras normativas. Landy y Peters3 han reportado manifestaciones de agresión en respuesta a emociones intensas (por ej., un tirón de pelo) en lactantes de 5 meses de edad. De acuerdo a Tremblay y sus colegas4, a los 17 meses, la mitad de los niños estudiados empujaron a otros y 25% patearon a otros.

Últimamente, los esfuerzos por comprender la etiología del comportamiento seriamente agresivo y antisocial de niños en edad escolar y adolescentes, han generado estudios de agresión atípica en niños pequeños. Estos estudios apuntan a la primera infancia como un período en el cual las carencias que pueden ser cruciales para establecer los fundamentos del comportamiento agresivo, surgen por primera vez5.

Resultados de Investigaciones Recientes

Varios estudios recientes han establecido definiciones bastante consistentes de la agresión atípica en la primera infancia. Por ejemplo, Keenan y Wakschlag6 evaluaron la frecuencia, severidad y carácter generalizado de los síntomas conductuales de preescolares referidos a consulta clínica. Los síntomas más comunes que encontraron fueron: iniciar peleas, matonaje o intimidación (bullying), y usar objetos para herir a otros. Estos estudios establecieron niveles y formas de comportamiento agresivo atípicos en relación a la edad del sujeto.

Los problemas conductuales a temprana edad también han demostrado ser relativamente estables en el tiempo, estableciendo así que los comportamientos atípicos no son necesariamente transitorios y no son simplemente el reflejo de perturbaciones del desarrollo. Campbell y asociados7 reportaron que los preescolares identificados como “difíciles de manejar” presentaban significativamente más problemas de comportamiento, incluyendo la agresión, que sus pares en el grupo control al ingresar a la escuela. Keenan et al.8 demostraron que la agresión observada a los 18 meses se correlacionaba significativamente con los trastornos DSM-III-R externalizados que se observaron a los 5 años. De hecho, los niños pequeños que manifiestan formas severas y generalizadas de agresión, muestran discapacidades sociales importantes y tienen, por lo tanto, mayores posibilidades de desarrollar problemas de salud mental en el futuro.

La socialización de la agresión incluye un amplio espectro de procesos. Idealmente, comienza con la receptividad del cuidador del niño en la etapa inicial de la vida y se expande para incluir la socialización del control conductual, respuestas empáticas y las habilidades para resolver problemas. La receptividad inadecuada de los cuidadores a la desregulación emocional y conductual de los niños pequeños, aparentemente aumenta el riesgo de presentar posteriormente problemas de agresión. La receptividad inapropiada incluye baja receptividad (reacciones pasivas o desapegadas) y sobre-receptividad (reacciones fuertes). Por ejemplo, Shaw, Keenan, y Vondra9 reportaron que la ausencia de receptividad materna a un lactante demandante predecía problemas conductuales disruptivos a la edad de 3 años. Bates et al.10 evaluaron los resultados de preescolares difíciles y no difíciles en el contexto de padres autoritarios y pasivos. Al final de su niñez, los preescolares difíciles con padres pasivos obtuvieron los peores resultados en términos de problemas externalizados, evaluados por los profesores y los padres. Por su parte, Campbell y sus colegas7 reportaron que la observación del control materno negativo y la autoevaluación materna de técnicas negativas de disciplina a la edad de 4 años, predecían problemas de externalización a la edad de 9 años, incluso en aquellos casos donde los problemas conductuales anteriores se controlaron estadísticamente. 

El estudio del efecto de las prácticas de socialización en niños pequeños también ha revelado interesantes diferencias entre los sexos. Al finalizar el período preescolar, el índice de agresión es típicamente más bajo en las niñas que en los niños.11 Smetana12 observó que las madres respondían a las trasgresiones de sus hijas destacando las consecuencias que dicha trasgresión tendría en sus pares. Y, en cambio, las madres de los niños respondían con castigos. Al llegar a los 3 años, los niños trasgredían el doble que las niñas. Ross y sus colegas13 observaron que las madres de los niños apoyaban a sus propios hijos ante conflictos entre pares tres veces más que las madres de las niñas. Además, las madres tendían a no apoyar a sus hijas cuando se les violaba su derecho a la propiedad. 

En general, la información actual sobre el cuidado de los hijos indica que un niño corre mayor riesgo de desarrollar comportamientos agresivos cuando la persona que lo cuida responde de maneras inapropiadas para el desarrollo, especialmente cuando el niño/niña ya presenta un temperamento difícil. Además, la misma información indica que puede existir un mecanismo que cause diferencias en los índices de agresión entre niños y niñas durante los primeros cinco años de vida.

Conclusiones

La agresión se desarrolla tempranamente en la vida. Por tanto, la socialización del comportamiento agresivo también comienza temprano. Aun cuando la mayoría de los niños aprende a inhibir las conductas agresivas, algunos desarrollan una agresión generalizada, frecuente y severa. Se sigue debatiendo si los problemas conductuales disruptivos iniciales, incluyendo la agresión, pueden conceptualizarse. Cada vez hay más consenso en que cuando los comportamientos agresivos interfieren con el funcionamiento del desarrollo de un niño, al punto que se le pide que abandone un jardín preescolar, cuando demuestra agresión hacia quienes lo cuidan, o no es capaz de mantener una relación prosocial con sus pares, dichos comportamientos deben ser considerados atípicos. Sin embargo, es importante desarrollar métodos para evaluar de manera adecuada y confiable la desregulación emocional y conductual de manera que un niño no tenga que vivir un fracaso significativo en su desarrollo para poder recibir atención. 

Implicaciones para el desarrollo de Servicios y la elaboración de Políticas

Los científicos del área de la psicopatología del desarrollo están ante una oportunidad vital para avanzar en materia de política en el campo de la salud mental infantil. Deben realizarse más investigaciones sobre factores que pueden surgir tempranamente en la infancia, y que pueden colocar a los niños en riesgo de presentar problemas conductuales y emocionales posteriores. Este tipo de investigación solamente puede contribuir a dar ímpetu político favorable a futuras aplicaciones en la psicopatología del desarrollo. Los datos actuales indican que la mayoría de los niños evitan recurrir a  comportamientos problemáticos. Por tanto, el período preescolar puede ser visto como la mejor época para fomentar el comportamiento prosocial en los niños e inculcar patrones óptimos de respuesta para el desarrollo social sano. Sin embargo, los estudios de desarrollo infantil y comportamiento de padres deben comenzar durante el embarazo para que los factores ambientales puedan ser examinados individual e interactivamente en el tiempo. Este enfoque de investigación reconoce el tremendo potencial de cambio que existe en la primera infancia. También puede generar una mejor aproximación a las trayectorias de desarrollo de los niños, para guiarlas en direcciones más positivas.

Referencias

  1. Campbell SB. Behavior problems in preschool children: A review of recent research. Journal of Child Psychology and Psychiatry and Allied Disciplines 1995;36(1):113 149.
  2. Tremblay RE. The development of aggressive behaviour during childhood: What have we learned in the past century? International Journal of Behavioural Development 2000;24(2):129-141.
  3. Landy S, Peters RD. Toward an understanding of a developmental paradigm for aggressive conduct problems during the preschool years. In: Peters RD, McMahon RJ, Quinsey VL, eds. Aggression and violence throughout the life span Thousand Oaks, CA: Sage Publications; 1992:1-30.
  4. Tremblay RE, Japel C, Perusse D, McDuff P, Boivin M, Zoccolillo M, Montplaisir J. The search for age of "onset" of physical aggression: Rousseau and Bandura revisited. Criminal Behavior and Mental Health 1999;9(1):8-23.
  5. Keenan K. Uncovering preschool precursors to problem behavior. In: Loeber R, Farrington DP, eds. Child delinquents: development, intervention, and service needs. Newberry Parc, CA: Sage Publications; 2001:117-136.
  6. Keenan K, Wakschlag LS. More than the terrible twos: The nature and severity of disruptive behavior problems in clinic-referred preschool children. Journal of Abnormal Child Psychology 2000;28(1):33-46.
  7. Campbell SB, Pierce EW, Moore G, Markovitz S, Newby K. Boys' externalizing problems at elementary school age: Pathways from early behavior problems, maternal control, and family stress. Development and Psychopathology 1996;8(4):701-719.
  8. Keenan K, Shaw DS, Delliquadri E, Giovannelli J, Walsh B. Evidence for the continuity of early problem behaviors: Application of a developmental model. Journal of Abnormal Child Psychology 1998;26(6):443-454.
  9. Shaw DS, Keenan K, Vondra JI. Developmental precursors of antisocial behavior: Ages 1 to 3. Developmental Psychology 1994;30(3):355-364.
  10. Bates JE, Pettit GS, Dodge KA, Ridge B. Interaction of temperamental resistance to control and restrictive parenting in the development of externalizing behavior. Developmental Psychology 1998;34(5):982-995.
  11. Keenan K, Shaw D. Developmental and social influences on young girls' early problem behavior. Psychological Bulletin 1997;121(1):95-113.
  12. Smetana JG. Toddlers' social interactions in the context of moral and conventional transgressions in the home. Developmental Psychology 1989;25(1):499-508.
  13. Ross H, Tesla C, Kenyon B, Lollis S. Maternal intervention in toddler peer conflict: The socialization of principles of justice. Developmental Psychology 1990;26(6):994 1003. 

Para citar este artículo:

Keenan K. Desarrollo y socialización de la agresión durante los primeros cinco años de vida. En: Tremblay RE, Boivin M, Peters RDeV, eds. Tremblay RE, ed. tema. Enciclopedia sobre el Desarrollo de la Primera Infancia [en línea]. http://www.enciclopedia-infantes.com/agresividad-agresion/segun-los-expertos/desarrollo-y-socializacion-de-la-agresion-durante-los. Publicado: Junio 2002 (Inglés). Consultado: 31/03/2020.