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Comentarios sobre Artículos Relativos a “La Agresión como Resultado del Desarrollo en la Primera Infancia”

Daniel S. Shaw, PhD

University of Pittsburgh, EE.UU.

Abril 2003 (Ingles). Traducción: noviembre 2009

Introducción

Los tres artículos sobre el tema de la agresión como resultado del desarrollo de la primera infancia de Tremblay , Keenan, Ishiwawa y Raine brindan importantes perspectivas sobre el desarrollo de la agresión durante la primera infancia. Tremblay justifica convincentemente la opción de enfocarse en los primeros cinco años de vida, argumentando que los índices de agresión física van disminuyendo en niños de 1-3 años (toddlers) hasta llegar a la adolescencia. Es de suma importancia destacar que si los niños no exhiben altos índices de comportamiento agresivo durante los tres primeros años, pocos de ellos mostrarán índices elevados después de los 5 años. Este punto fue corroborado en un estudio longitudinal que seguía el curso de la agresión desde los 2 a los 5 años en una muestra de 300 niños varones provenientes de familias de bajos ingresos.1 De los niños que se ubicaron > el percentil noventa de la Lista de Comportamiento Infantil (Child Behavior Checklist, CBCL) en las categorías relacionadas con el comportamiento agresivo a la edad de dos años, 88% permanecía sobre este umbral a los 5 años, con relativamente pocos nuevos miembros en este grupo extremo a la edad de 5 años (22%). Por ende, la gran mayoría de los niños con altos niveles de agresión en la escuela comienza a mostrar este patrón en la primera infancia. 

Keenan se refiere a temas que son de suma importancia para avanzar en el estudio del desarrollo de la agresión. Cómo definir la agresión es un tema que todavía suscita debate. En efecto, es posible estudiar el comportamiento “agresivo” tempranamente en la niñez, pero desarrollistas como Maccoby2 sostienen que un niño debe tener cierta  apreciación cognitiva respecto a las consecuencias de los actos agresivos antes de que él o ella sea considerado realmente agresivo. Por otro lado, el comportamiento aparentemente agresivo, sus correlaciones y su estabilidad se pueden evaluar empíricamente. Keenan destaca además cómo las trayectorias hacia el comportamiento agresivo son moderadas por factores relativos a los niños y la crianza. Los factores de los niños incluyen maduración de las capacidades cognitivas que permiten usar estrategias más sofisticadas para la resolución de conflictos a partir del segundo año (por ejemplo, el uso del razonamiento). La calidad del cuidado de los padres también es crucial, ya sea la capacidad de reaccionar ante los imprevistos durante la infancia3,4 o reacciones coherentes y no de rechazo a las expresiones de emotividad negativa durante el período que se extiende de 1-3 años (toddler).5,6

Ishiwawa y Raine estudian factores de riesgo biológico asociados a la inadaptación infantil antes del nacimiento. Tres temas merecen atención en este sentido. En primer lugar, el análisis enfatiza que los estudios sobre riesgos biológicos no tienen la misma representación que aquellos relativos a riesgos ambientales.7 Específicamente, existen relativamente pocos estudios respecto al riesgo biológico de agresión en la primera infancia.8,9,10 En segundo lugar, a partir del análisis es evidente que factores tales como ingestión de sustancias, deficiencias nutricionales, AFMs, y complicaciones durante el parto llevan a que algunos niños corran el riesgo de presentar comportamientos antisociales posteriores. En tercer lugar, y como se ha destacado anteriormente, a menudo, los factores de riesgo biológico son moderados por la presencia de riesgos ambientales. De hecho, muchos estudios han demostrado que los factores biológicos, estudiados aisladamente, no están relacionados con comportamientos antisociales posteriores.11,12

Investigación y Conclusiones

Los principios y conclusiones de cada artículo están firmemente respaldados por la teoría y/o sustentación empírica. Sin embargo, debo manifestar ciertas advertencias en relación a temas específicos. Con respecto a la “sorpresa” de Tremblay, por ejemplo: no debería sorprender tanto que los actos de agresión física disminuyan durante los años de la niñez. Como se ha dicho anteriormente, la maduración cognitiva brinda a los niños repertorios más flexibles para manejar los conflictos interpersonales, permitiéndoles ser más selectivos en el uso de la agresión física. Este factor también es consistente con la más rápida disminución de agresión física entre las niñas, basada en su mayor fluidez verbal entre los 1-3 años (toddlers) y la edad preescolar. En efecto, las fuerzas de la socialización en el hogar y en la escuela hacen que la agresión física sea menos atractiva para ambos sexos a medida que transcurre el tiempo, con consecuencias significativamente mayores para niños de 8 años, en comparación con los de 3 que cometen actos agresivos similares. Los estudios de desarrollo iniciados por Goodenough (en 1931)13 y Fawls (en 1963)14 (aún cuando ninguno de ellos siguió la progresión de la agresión per se), documentan la disminución de la frecuencia de los actos de coraje/conflictos en función del crecimiento del niño. Por tanto, aún cuando pueda sorprender desde la perspectiva de la teoría del aprendizaje, la disminución de la agresión física no es una sorpresa reciente. Con respecto a los niños que siguen mostrando altos índices de agresión física en la edad escolar, es importante destacar que incluso en estos niños que continúan siendo agresivos, la agresión tiende a disminuir levemente desde los 2 a los 10 años15, sin embargo es probable que con el tiempo participen en formas de comportamiento antisocial más indirectas, como ha demostrado un estudio reciente de Patterson y Yoerger.16

El artículo de Keenan también se refiere a algunos puntos que merecen análisis. En primer lugar, aunque es posible observar agresión en lactantes de incluso 5 meses, el comportamiento agresivo per se generalmente no se torna molesto para los padres hasta el segundo año, debido a la recién estrenada habilidad de los niños para moverse con mayor rapidez y confianza. Este hecho reviste cierta importancia para determinar la edad en la cual realizar estudios de intervención temprana, sobre todo cuando la frecuencia del comportamiento se considera un factor relevante. En segundo lugar, los estudios han documentado que la agresión de niños entre 1.5-2 años anticipa problemas posteriores de conducta;17 sin embargo, el nivel de estabilidad generalmente es débil, y refleja una vez más la naturaleza cambiante del niño en desarrollo y las diferencias individuales en el ambiente que otorga cuidados al niño. En tercer lugar, aún cuando existe consenso en torno a que el maltrato físico o emocional de parte de los padres tiende a promover la agresión en los niños, es vital que evaluemos las consecuencias de los estilos de crianza aprobados por las distintas culturas antes de hacer suposiciones respecto de lo que es apropiado, tales como el uso de estilos autoritarios de crianza promovidos por las familias de origen africano en Estados Unidos.18

El artículo de Ishiwawa y Raine se refiere al tema y la necesidad de contar con investigación interdisciplinaria. Tenemos una gran necesidad de contar con estudios que midan prospectivamente la calidad del ambiente prenatal y observen el desarrollo de la relación inicial entre padres-niños. Sin estos datos, es probable que no se lleguen a conocer los mecanismos mediante los cuales los factores prenatales afectan el desarrollo y estabilidad del comportamiento agresivo inicial. Como destaca Tremblay, mucho del “aprendizaje” de la agresión acontece durante el tercer año; se recomienda intensificar los esfuerzos para comprender su aparición.

Implicaciones para el desarrollo de Servicios y la elaboración de Políticas

Los tres artículos sugieren que la identificación temprana sea un tema fundamental para las políticas sociales. Como ejemplo, Tremblay19  ha demostrado que los padres que comienzan a tener hijos antes de los 20 años y no completan su educación secundaria corren mayor riesgo de entrar en trayectorias de comportamiento agresivo. La identificación de los factores de riesgo antes del nacimiento también es recomendada por Keenan y es insinuada en el artículo de Ishiwawa y Raine sobre los problemas prenatales. Estos esfuerzos claramente ameritan apoyo; sin embargo, es probable que se necesiten múltiples puntos y enfoques de intervención para identificar adecuadamente a los niños pequeños con patrones emergentes de agresión.20,21 Particularmente en el primer año (antes que se hagan evidentes altas incidencias de comportamiento agresivo) y durante el segundo año (cuando la agresión se torna estadísticamente normativa), los esfuerzos deberán ser enfocados a determinar cómo el ambiente de crianza modera la trayectoria conductual durante la primera infancia y, en última instancia, puede lograr patrones más estables de agresión en las edades preescolar y escolar. 

Referencias
 
  1. Shaw DS, Gilliom M, Giovannelli J. Aggressive behavior disorders. In: Zeanah CH Jr., ed. Handbook of Infant Mental Health. 2nd ed . New York, NY: Guilford Press; 2000:397-411.
  2. Maccoby EE. Social development: Psychological growth and the parent-child relationship. New York, NY: Harcourt Brace Jovanovich; 1980.
  3. Erickson MF, Sroufe LA, Egeland B. The relationship between quality of attachment and behavior problems in preschool in a high-risk sample. Monographs of the Society for Research in Child Development 1985;50(1-2):147-166.
  4. Shaw DS, Keenan K, Vondra JI. Developmental precursors of externalizing behavior: Ages 1 to 3. Developmental Psychology 1994;30(3):355-364.
  5. Campbell SB, Pierce EW, Moore G, Marakovitz S, Newby K. Boys' externalizing problems at elementary school age: Pathways from early behavior problems, maternal control, and family stress. Development and Psychopathology 1996;8(4):701-719.
  6. Shaw DS, Winslow EB, Owens EB, Vondra JI, Cohn JF, Bell RQ. The development of early externalizing problems among children from low-income families: A transformational perspective. Journal of Abnormal Child Psychology 1998;26(2):95-107.
  7. Raine A. Biosocial studies of antisocial and violent behavior in children and adults: A review. Journal of Abnormal Child Psychology 2002;30(4):311-326.
  8. Calkins SD. Origins and outcomes of individual differences in emotion regulation. Monographs of the Society for Research in Child Development 1994;59(2-3):53-72,250-283.
  9. Fox NA, Schmidt LA, Calkins SD, Rubin KH, Coplan RJ. The role of frontal activation in the regulation and dysregulation of social behavior during the preschool years. Development and Psychopathology 1996;8(1):89-102.
  10. Raine A, Venables PH, Mednick SA. Low resting heart rate at age 3 years predisposes to aggression at age 11 years: Evidence from the Mauritius Child Health Project. Journal of the American Academy of Child and Adolescent Psychiatry 1997;36(10):1457-1464.
  11. Arseneault L, Tremblay RE, Boulerice B, Seguin JR, Saucier JF. Minor physical anomalies and family adversity as risk factors for violent delinquency in adolescence. American Journal of Psychiatry 2000;157(6):917-923.
  12. Raine A, Brennan P, Mednick SA. Birth complications combined with early maternal rejection at age 1 year predispose to violent crime at age 18 years. Archives of General Psychiatry 1994;51(12):984-988.
  13. Goodenough FL. Anger in young children. Minneapolis, MI: University of Minnesota Press; 1931.
  14. Fawls CL. Disturbances experienced by children in their natural habitats. In: Barker RG, ed. The stream of behavior: explorations of its structure & content. New York, NY: Appleton-Century-Crofts; 1963:99-126.
  15. Shaw DS, Lacourse E, Nagin D. Trajectories of ADHD and Conduct Problems in Early Childhood. Paper presented at: XV World Meeting of the International Society for Research on Aggression; July 28-31, 2002; Montreal, Quebec.
  16. Patterson G, Yoerger K. In intra-individual search for growth in overt antisocial behavior. Paper presented at: 2001 Biennial Meeting of the Society for Research in Child Development; 2001; Minneapolis, MI.
  17. Keenan K, Shaw D, Delliquadri E, Giovannelli J, Walsh B. Evidence for the continuity of early problem behaviors: Application of a developmental model. Journal of Abnormal Child Psychology 1998;26(6):441-452.
  18. Deater-Deckard K, Bates JE, Dodge KA, Pettit GS. Physical discipline among African American and European American mothers: Links to children’s externalizing behaviors. Developmental Psychology 1996;32(6):1065-1072.
  19. Nagin D, Tremblay RE. Parental and early childhood predictors of persistent physical aggression in boys from kindergarten to high school. Archives of General Psychiatry 2001;58(4):389-394.
  20. Olds DL. Prenatal and infancy home visiting by nurses: From randomized trials to community replication. Prevention Science 2002;3(3):153-172.
  21. Webster-Stratton C, Reid MJ, Hammond M. Preventing conduct problems, promoting social competence: A parent and teacher training partnership in head start. Journal of Clinical Child Psychology 2001;30(3):283-302.

Para citar este artículo:

Shaw DS. Comentarios sobre Artículos Relativos a “La Agresión como Resultado del Desarrollo en la Primera Infancia”. En: Tremblay RE, Boivin M, Peters RDeV, eds. Tremblay RE, ed. tema. Enciclopedia sobre el Desarrollo de la Primera Infancia [en línea]. http://www.enciclopedia-infantes.com/agresividad-agresion/segun-los-expertos/comentarios-sobre-articulos-relativos-la-agresion-como. Publicado: Abril 2003 (Inglés). Consultado: 15/10/2019.