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Apoyo a niños pequeños y sus familias para reducir la agresión. Comentarios sobre Webster-Stratton, Domitrovich y Greenberg, y Lochman

Debra J. Pepler, PhD.

LaMarsh Centre for Research on Violence and Conflict Resolution, Canadá

Junio 2003 (Inglés). Traducción: noviembre 2009

Introducción

En las últimas dos décadas, los temas de agresión infantil han salido claramente a la palestra. Gracias a las primeras investigaciones basadas en la observación realizadas por Patterson y sus colegas,1 hemos aprendido que en algunos niños los patrones conductuales agresivos no disminuyen con el desarrollo del lenguaje y de las habilidades sociales. Estos niños, que muestran elevados niveles de agresión en la primera infancia, corren el riesgo de seguir presentando los problemas durante la niñez y la adolescencia.2 El desafío, por tanto, es encontrar maneras de apoyar a estos niños pequeños y sus familias para reducir la agresión y promover capacidades sociales positivas. Carolyn Webster-Stratton, Mark Greenberg, y John Lochman son algunos de los investigadores más prominentes en el tema de la prevención y el tratamiento de la agresión infantil. Sus programas para niños agresivos son ejemplares en términos de sus fundamentos teóricos y empíricos, así como sus rigorosas evaluaciones. En estos textos, los autores exponen las ideas principales de la investigación que intenta desentrañar la naturaleza de la agresión en los niños pequeños y las estrategias para apoyar un desarrollo óptimo. 

Investigación y Conclusiones

En su reseña sobre la agresión en niños pequeños, Webster-Stratton destaca la importancia de contar con una perspectiva sistémica de desarrollo para comprender los comportamientos agresivos e intervenir. En su comentario, Webster-Stratton elabora una perspectiva del niño en desarrollo. Puesto que los problemas de la conducta agresiva tienden a cristalizarse con la edad, el momento óptimo para intervenir es la primera infancia. Además, a medida que se expanden los mundos sociales de los niños, sus interacciones con otros implican riesgos adicionales para la consolidación de patrones de comportamiento agresivo. Por lo tanto, el foco de la intervención que inicialmente se encuentra en el contexto familiar, se expande hasta abarcar los contextos escolares y de los pares. Webster-Stratton ha respondido a un frecuente llamado por intervenciones empíricamente validadas. Sus intervenciones son algunas de las pocas que han sido evaluadas rigurosamente y han demostrado ser efectivas en reducir el comportamiento agresivo en niños pequeños.

Domitrovich y Greenberg han seguido la línea de Webster-Stratton en cuanto a sus intervenciones preventivas para reducir la agresión en niños pequeños. Destacan la seriedad de los problemas de comportamiento agresivo, que de no ser tratados, pueden ser los cimientos de resultados desfavorables durante la niñez y la adolescencia, y hasta la adultez. Domitrovich y Greenberg destacan la importancia de la prevención temprana para reducir los riesgos, y explican que a medida que los niños se desarrollan, los factores de riesgo relacionados con sus comportamientos problemáticos tienden a acumularse y a conducir a los niños con problemas por un camino de inadaptación. Estos autores también destacan la importancia de la interacción de los niños cuando éstos pasan a la escuela y participan en grupos de pares. Sus opiniones respecto de la investigación de intervenciones son similares a las de Webster-Stratton y Lochman ya que identifican las intervenciones enfocadas en los padres como las más efectivas para reducir problemas conductuales en niños pequeños. En cuanto al desarrollo, el foco de las intervenciones preventivas debería extenderse para incluir las habilidades sociales y la resolución de problemas de los niños, además del contexto de la sala de clases. Domitrovich y Greenberg se suman al llamado de Webster-Stratton de generar más intervenciones en los primeros años, cuando la maleabilidad de los problemas conductuales de los niños y el potencial de cambio son mayores.

El artículo de Lochman complementa la idea, enfocándose en programas efectivos para los problemas de comportamiento agresivo en niños pequeños. Apoyándose en investigaciones longitudinales sobre resultados desfavorables para niños agresivos, Lochman recalca la importancia de las intervenciones, debido al alto costo de la agresión infantil para los propios niños y sus familias, además de la sociedad en su conjunto. Lochman observa que estas intervenciones deben aplicarse en la primera infancia de un niño, ya que, con el tiempo, se suman los factores de riesgo familiar y personal asociados a la agresión continua. Lochman también presenta una perspectiva sistémica de los problemas de agresión, refiriéndose a la investigación de la cascada de riesgos en una etapa, los cuales desencadenan riesgos en una etapa posterior. Por ejemplo, un niño agresivo con escasa competencia social no estará en condiciones de mantener relaciones positivas con sus pares, e incluso con sus profesores. Esta incapacidad para establecer relaciones produce experiencias de rechazo, incluso dentro de los contextos sociales. Lochman expone pautas para la consideración de intervenciones que cruzan las perspectivas de desarrollo y sistémicas. En distintas etapas de desarrollo, se pueden establecer distintas metas de habilidades sociales dentro de los contextos sociales en continua expansión. En relación a los primeros periodos de la infancia, Lochman cita estudios de eficacia para los programas de visitas domiciliarias que promueven interacciones positivas entre padres e hijos y habilidades parentales. Con respecto al período preescolar, destaca la efectividad de las intervenciones de Webster-Stratton con padres y las de Eyberg con padres y niños. Puesto que la relación padres-hijos es el contexto primario de socialización en los primeros años, mejorar la capacidad de interactuar de manera positiva y no hostil entre padres e hijos debe ser un componente importante en los programas efectivos para niños pequeños. Lochman concluye que se requiere investigar un número considerablemente mayor de intervenciones en niños pequeños agresivos y que estas intervenciones deben adaptarse a las tareas de desarrollo y a los contextos sociales en las distintas etapas de desarrollo inicial.

Implicaciones para los Servicios 

Estos tres artículos, en conjunto, ofrecen pautas fundamentales para quienes proporcionan o planifican servicios para niños pequeños y sus familias. En primer lugar, la agresión en niños pequeños no es algo que “se les quita con el tiempo”, sino un problema que crece y coloca a los pequeños y a quienes les rodean en riesgo de enfrentar serios problemas durante la niñez, la adolescencia y la adultez. Por lo tanto, la intervención resulta esencial para desviar la trayectoria disfuncional de los niños agresivos. En segundo lugar, las intervenciones tempranas son las más auspiciosas porque los comportamientos de los niños y de sus padres son más maleables en los primeros años. Consecuentemente, el foco de los esfuerzos de intervención debe extenderse para incluir un esfuerzo concertado, para promover interacciones sociales positivas durante la lactancia y la primera infancia. En tercer lugar, aun cuando se requiere focalizarse en el niño, ello no es suficiente. En la lactancia y la primera infancia, las intervenciones más efectivas refuerzan la capacidad de los padres para apoyar el desarrollo saludable de sus niños. A medida que los mundos sociales de los niños se expanden, éstos ingresan a contextos sociales más complejos y demandantes en sus escuelas y grupos de pares. En los niños socialmente competentes, estas relaciones pueden promover el desarrollo y la competencia social; sin embargo, en niños agresivos, éstas presentan factores de riesgo adicionales porque los profesores y los pares eventualmente reaccionan con rechazo ante las dificultades de sostener una relación con ellos. De esta manera, los problemas de interacción que los niños agresivos experimentaron con los padres y en sus casas se reflejan en las relaciones que se establecen en los contextos más amplios. Por ende, a medida que los niños se desarrollan, se requiere que el foco de las intervenciones se extienda de relaciones padres-hijos a los contextos de escuelas y grupos de pares. Si no se realizan cambios en estos contextos importantes para el desarrollo, persistirán las dinámicas que provocan respuestas agresivas en los niños pequeños. Además, no podemos confiar en que las intervenciones en una etapa y en un contexto sean suficientes. Es posible que los niños agresivos necesiten apoyo permanente mientras negocian nuevos desafíos de desarrollo en su paso por distintos contextos sociales. 

Aun cuando surgen pautas coherentes en las investigaciones examinadas por los tres artículos, todavía queda mucho por aprender respecto de las intervenciones para apoyar el desarrollo óptimo de los niños agresivos. No todos los niños agresivos son iguales y los factores de riesgo asociados a sus trayectorias disfuncionales varían enormemente. A medida que avancemos en nuestros esfuerzos por apoyar a los niños agresivos y a sus familias, necesitaremos reconocer no solamente las similitudes en sus riesgos y trayectorias de desarrollo, sino también las diferencias. Las intervenciones adaptadas a las necesidades específicas de los niños agresivos y de sus familias tendrán mayor éxito en cambiar los patrones de interacción y promover la capacidad de relacionarse. Gran parte de la investigación de intervenciones para niños agresivos validada empíricamente ha sido realizada con varones ya que la prevalencia de sus problemas de comportamiento agresivo es superior a la de las niñas y sus comportamientos agresivos son generalmente más notorios. Sin embargo, la estabilidad de los problemas de comportamiento agresivo de niñas es similar a la de los niños y los problemas que experimentan en la adolescencia y la adultez son igualmente preocupantes.3-5 Aún no está claro si las intervenciones estandarizadas para reducir los problemas de comportamiento agresivo son igualmente efectivas para niñas y niños. Entre otras cosas, se debe destacar que las relaciones son de gran importancia para las niñas y pueden comprender un importante foco de intervención adaptado para niñas agresivas.

En la última década hemos avanzado sustancialmente en la comprensión del desarrollo y la efectividad de las intervenciones para niños agresivos. Hoy el desafío es identificar a los niños y las familias en riesgo antes de que los comportamientos problemáticos se afiancen y antes de que los sistemas de los diferentes contextos de actividad de los niños comiencen a marginar a quienes tienen problemas de comportamiento agresivo. Si ignoramos a estos niños cuando son pequeños y cuando el desafío de criarlos recae en los padres, perderemos la oportunidad de fomentar su capacidad de relacionarse con los demás en la escuela, con sus grupos de pares, en el lugar de trabajo, en las relaciones sentimentales, y en sus propias familias. El costo de la intervención temprana parece mínimo comparado con el inmenso costo de contención y reparación asociado con el desarrollo disfuncional. Con la intervención temprana, tenemos la esperanza de situar a estos niños con problemas en un camino positivo. 

Referencias

  1. Patterson GR. Coercive family process. Eugene, Ore: Castalia Publishing; 1982.
  2. Campbell SB, Shaw DS, Gilliom M. Early externalizing behavior problems: Toddlers and preschoolers at risk for later maladjustment. Development and Psychopathology 2000;12(3):467-488.
  3. Huesmann LR, Eron LD, Lefkowitz MM, Walder LO. Stability of aggression over time and generations. Developmental Psychology 1984;20(6):1120-1134.
  4. Moffitt TE, Caspi A, Rutter M, Silva P. Sex differences in antisocial behaviour: Conduct disorder, delinquency, and violence in the Dunedin Longitudinal Study. Cambridge: Cambridge University Press; 2001.
  5. Robins LN. The consequences of conduct disorder in girls. In: Olweus D, Block J, Radke-Yarrow M, eds. Development of antisocial and prosocial behavior: Research, theories, and issues. Orlando, FL: Academic Press; 1986:385-414.
  6. Walsh MM, Pepler DJ, Levene KS. A model intervention for girls with disruptive behaviour problems: The Earlscourt Girls Connection. Canadian Journal of Counselling 2002;36(4):297-311. 

Para citar este artículo:

Pepler DJ. Apoyo a niños pequeños y sus familias para reducir la agresión. Comentarios sobre Webster-Stratton, Domitrovich y Greenberg, y Lochman. En: Tremblay RE, Boivin M, Peters RDeV, eds. Tremblay RE, ed. tema. Enciclopedia sobre el Desarrollo de la Primera Infancia [en línea]. http://www.enciclopedia-infantes.com/agresividad-agresion/segun-los-expertos/apoyo-ninos-pequenos-y-sus-familias-para-reducir-la-agresion. Publicado: Junio 2003 (Inglés). Consultado: 31/03/2020.