* Esta síntesis ha sido traducida en colaboración con la Junta Nacional de Jardines Infantiles -JUNJI- Gobierno de Chile.
Para desarrollar una evaluación integral de la eficacia y efectividad de los programas de visitas domiciliarias, es importante reunir información suficiente sobre los participantes que permita analizar los efectos del programa sobre varios tipos de subgrupos. La evaluación debería medir también múltiples resultados en el niño y su familia en diversos momentos durante el programa.
Además, sigue siendo necesario determinar qué componentes de los programas son esenciales y cuáles producen los mayores resultados a largo plazo. La evidencia muestra que los resultados de programas de visita domiciliarias multidimensionales; es decir, aquéllos que se orientan al desarrollo del ciclo vital de la madre, la vida familiar, el cuidado del niño y su desarrollo integral, perduran durante mucho tiempo después del término de la intervención.
La ejecución de los programas supone una serie de dificultades: las familias no siempre aceptan inscribirse o pueden abandonarlo antes de la fecha prevista, perdiendo así parte de las visitas que contempla el programa. Las investigaciones recientes sugieren que los índices de participación pueden ser ampliamente mejorados si estos programas se integran a un sistema amplio y diversificado. Cuando los programas domiciliarios intensivos van a la par con un programa comunitario o grupal, la proporción de nuevos padres que utilizan los servicios de prevención puede aumentar considerablemente.
Al igual que cualquier servicio con financiamiento público, aquí el costo es también un aspecto importante. Incluso cuando el nivel profesional de la intervención puede variar significativamente entre los distintos programas de visitas, el costo de éstos en sí es prácticamente el mismo. Sin embargo, la proporción costo-beneficio difiere considerablemente de un programa a otro, dependiendo de la duración del impacto. Los programas que producen efectos duraderos tienen una proporción mayor costo-beneficio que aquéllos con impactos más a corto plazo.
El costo social de los problemas sociales graves no debería ser minimizado. Por ejemplo, en Canadá el costo del abuso infantil asciende a 15 mil millones (CAD) al año, aproximadamente. Analizadas en este contexto, las inversiones públicas actuales por concepto de visitas domiciliarias y otros programas para el desarrollo de la infancia temprana (Early Childhood Development programs, ECD) son relativamente menores.
Cuando se trata de un desarrollo de políticas, se produce un desequilibrio entre la oferta y la demanda. Nunca habrá suficientes proveedores de servicios disponibles para satisfacer a las familias necesitadas en los programas individuales. Los programas enfocados en visitas domiciliarias no pueden incluir a todas las familias en riesgo de maltrato infantil. Este hecho resalta la necesidad de reducir el tamaño de la población que requiere atención individual y servicios clínicos a través de programas calificados y universales que incluyan a un grupo más amplio de familias a nivel de población.
Existe un consenso creciente respecto a la necesidad de contar con un sistema de desarrollo de infancia temprana integral. Es preciso evaluar las políticas públicas a nivel sistémico, colocando la efectividad de los programas de visita domiciliaria dentro de un contexto mayor de otras intervenciones en desarrollo de infancia temprana. También se reconoce la necesidad de crear una red nacional de recursos que apoye evaluaciones longitudinales rigurosas de las inversiones en ECD.
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