 |
Editor del tema: Richard E. Tremblay, PhD, Universidad de Montreal, Canadá y Universidad College Dublin, Irlanda
Tema patrocinado por: La Fundación Bernard van Leer (Países Bajos)
Los niños de corta edad son particularmente vulnerables a la violencia social debido a sus capacidades limitadas para manejar sus aflicciones psicológicas, reducir la amenaza o resguardarse de la situación. Al estar expuestos a formas directas o indirectas de violencia social, tienen la probabilidad de experimentar estrés severo, incontrolable y crónico, que a su vez afecta los sistemas cerebrales que responden al estrés. Más exactamente, una elevada exposición a la violencia comunitaria crea un estado constante de miedo mediante el aumento de la sensibilidad de los niños a los estímulos externos (por ejemplo, sonidos) y la reducción de su capacidad de abstenerse de participar en una acción específica. Por consiguiente, estas reacciones los ponen en riesgo creciente de desarrollar trastornos mentales, incluyendo depresión, ansiedad y trastorno de estrés postraumático (PTSD), el padecimiento de situaciones negativas de salud, sociales y educativas e implicarse en comportamientos riesgosos (por ejemplo, abuso de drogas, agresión) a lo largo de la niñez y la edad adulta. Estos problemas de ajuste también tienden a ocurrir cuando los niños son sometidos a castigos corporales. En vez de mejorar las los comportamientos perjudiciales, el uso de la fuerza física por los padres predicen realmente más comportamientos agresivos, delincuentes y antisociales en los niños.
Es importante tener presente que factores tales como la edad y el género de los niños, el grado y el tipo de exposición (directa o indirecta, a través de su impacto sobre los proveedores de cuidado) y el contexto cultural, todos ejercen influencia sobre el impacto negativo de la violencia social sobre los niños. Por ejemplo, el efecto de la violencia comunitaria sobre problemas internalizantes (por ejemplo, depresión, ansiedad) es más fuerte para los niños de más corta edad que para aquellos de mayor edad. Sin embargo, mientras crecen, los niños se implican cada vez más en la respuesta a la violencia comunitaria y experimentan más problemas externalizantes (por ejemplo, comportamientos agresivos/violentos) que los niños menores. Los niños que viven en vecindarios económicamente desventajosos tienen mayor riesgo de estar expuestos a la violencia comunitaria. Finalmente, las respuestas comportamentales de los niños a la violencia comunitaria están influenciadas por la reacción de sus madres a situaciones violentas. Las conclusiones de investigaciones indican que los comportamientos depresivos maternos en respuesta a la violencia comunitaria tienden a aumentar los comportamientos problemáticos de los niños.
Véase también...
|
 |