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* Esta síntesis ha sido traducida en colaboración con la Junta Nacional de Jardines Infantiles -JUNJI- Gobierno de Chile.
Se considera que un niño tiene éxito en la escuela cuando ha desarrollado una actitud positiva hacia la escuela y el aprendizaje; ha formado lazos sociales protectores con educadores y compañeros de clase, ha experimentado emociones positivas y agradables; se involucra y participa positivamente en las actividades de aula y muestra avances y logros académicos.
La investigación sobre el apresto escolar se ha focalizado en indicadores tempranos que se relacionan estrechamente con el éxito escolar. Por lo tanto, los factores que contribuyen y definen el “apresto escolar” estarían constituidos por los primeros signos de habilidad cognitiva y de madurez, así como las habilidades sociales relacionadas al trabajo y aprendizaje y destrezas auto regulatorias. La edad de los niños también es un indicador de preparación escolar en lo que se refiere al grado de la madurez observada en el campo auto regulatorio, social y cognitivo. No obstante, la edad en sí misma no representa un predictor confiable del éxito escolar posterior.
Existen otros factores que pueden influir en el éxito de los niños en la escuela y la vida adulta, tales como sus rasgos de personalidad, sus antecedentes familiares, el ambiente en el cual el niño fue cuidado anteriormente, y el tipo de relaciones con sus educadores y pares. Estas categorías parecen funcionar de acuerdo a una modalidad transaccional (por ejemplo, bidireccional) e interactiva (multiplicativa), más que a una lógica aditiva. Es así que los niños cargan con sus propias características personales, como género, edad, capacidades, lenguaje, experiencias anteriores y disposiciones conductuales (por ejemplo, agresividad, capacidades auto regulatorias, sociabilidad y reducción de la ansiedad), que pueden afectar la forma en que se relaciona con sus compañeros, profesores y el ambiente escolar. A su vez, el tipo de relación que el niño crea con sus educadores y pares brinda una contribución independiente a su adaptación escolar y psicológica, además de las disposiciones cognitivas y conductuales de éstos. Una larga exposición a experiencias negativas (por ejemplo rechazo/victimización de los pares o educadores, aislamiento) o a aspectos positivos de estas relaciones sociales (aceptación del grupo de pares) tiene mayores consecuencias para la adaptación escolar y psicológica de los niños que la exposición transitoria.
Asimismo, los padres también tienen un papel que desempeñar cuando determinan si su hijo está preparado o no para ingresar a la escuela. La calidad del vínculo padres-hijo, especialmente la sensibilidad parental y la estimulación, guarda una correlación clara y frecuentemente confirmada, con el éxito escolar temprano, ya sea como un determinante principal, o como un factor protector.
Existen también investigaciones que demuestran que las características del ambiente del centro de cuidado diario del niño afectan directamente la transición y su adaptación a la escuela. Estos efectos aparecen incluso más agudizados entre los niños expuestos a condiciones de alto riesgo. Los programas basados en principios como atención de calidad, mayor capacitación del personal encargado del cuidado de los niños y menor cantidad de niños por programa contribuyen positivamente a su preparación escolar. Las necesidades educativas y la capacidad del niño beneficiarse de la escuela dependen del tipo de centros educacionales que van encontrando a medida que se trasladan del hogar a la escuela y luego de curso en curso, en los distintos niveles de enseñanza.
Las escuelas y comunidades también contribuyen significativamente al vínculo de los niños con la escuela, tanto en su proceso de transición como en la participación escolar posterior.
En resumen, las experiencias escolares iniciales de un niño son cruciales. Las investigaciones en la materia sugieren que los resultados escolares de los niños, especialmente los logros alcanzados, permanecen asombrosamente estables tras los primeros años de escuela; las intervenciones son más propensas a tener éxito en los primeros años; la forma en que el niño se adapte a las primeras experiencias escolares tendrá implicancias a largo plazo para su desarrollo social y cognitivo, o en la deserción de la secundaria.
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