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* Esta síntesis ha sido traducida en colaboración con la Junta Nacional de Jardines Infantiles -JUNJI- Gobierno de Chile.
Con frecuencia, se ha vinculado el cuidado y la educación de calidad con beneficios cognitivos y socioemocionales para el desarrollo de los más pequeños, a corto y largo plazo.
Tal como lo indican estudios en la materia, se ha demostrado que los programas preescolares con financiamiento público, como Head Start, afectan diversos aspectos del desarrollo emocional, social y cognitivo del niño. Entre los resultados de estudios preescolares de corto plazo, como el Estudio Nacional del Impacto de Head Start (Head Start Impact Study) y la Encuesta sobre las Experiencias del Niño y su Familia en el programa de Head Start (Head Start Family and Child Experiences Survey) figuran el crecimiento infantil en nivel de lectoescritura, vocabulario, destrezas de escritura temprana y destrezas sociales, además de una reducción de los problemas conductuales. Los beneficios para las familias incluyen el acceso al sistema de salud y menor uso de castigo o disciplina físico.
Estudios de Programas Evaluativos, tales como el Estudio Preescolar Perry de Amplio Alcance (High/Scope Perry Preschool Study), el Estudio Abecedario de Carolina (Carolina Abecedarian Study), y el Estudio Longitudinal de Chicago (Chicago Longitudinal Study) han encontrado una variedad de importantes efectos positivos a largo plazo en sus participantes, incluyendo capacidad intelectual, compromisos y logros escolares, finalización de la secundaria, asistencia escolar más regular y menor tendencia a repetir el año escolar. También se han registrado mejores resultados a largo plazo en las posibilidades laborales de los adultos, acceso a mejores salarios, así como en tasas de empleo, ubicación en escuelas especiales, menor índice en arrestos juveniles y embarazos adolescentes. Estos estudios también han demostrado sustanciales retornos económicos en inversiones, llegando hasta los US$17.07 por dólar invertido.
El currículo (los contenidos de lo que se enseña y lo que se aprende), tema que se ha abordado empíricamente, es un componente crucial en los programas preescolares. Las teorías sobre desarrollo del niño han constituido las bases principales para el desarrollo del modelo curricular. Las variaciones entre modelos curriculares reflejan las diferencias respecto de la importancia otorgada a lo que es más o menos importante en el aprendizaje infantil, así como las diferencias del proceso a través del cual se cree que los niños aprenden y se desarrollan. Estas variaciones reflejan el papel de los docentes, el enfoque del currículo, la estructura de la sala de clases y las formas de participación de los niños en el proceso de aprendizaje.
Los modelos curriculares de la infancia temprana también difieren en términos de la libertad que se otorga a los docentes para interpretar la forma en la que se implementa el marco del modelo. Algunos esquemas curriculares son altamente estructurados e incluyen programaciones detalladas para el funcionamiento docente. Otros, en tanto, se limitan a resaltar los principios orientadores y permiten que los docentes determinen la mejor forma de desarrollarlos. Los modelos curriculares, más allá de sus objetivos y del grado de flexibilidad en su implementación, se diseñan para fomentar la transversalización de los programas de infancia temprana a través del uso de currículos preparados, técnicas de instrucción sistemáticas y resultados predecibles en el aprendizaje.
Cada modelo curricular produce efectos significativamente diferentes en los niños. Los resultados en el niño son contingentes no sólo sobre el currículo, sino que también sobre el temperamento del niño, los antecedentes familiares, la clase social, las tradiciones culturales y las calificaciones y la calidad del docente.
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