Políticas del Programa “Head Start”


¿Qué sabemos?

Síntesis de los textos de expertos - Puesto en línea el 18 de marzo de 2010

* Esta síntesis ha sido traducida en colaboración con la Junta Nacional de Jardines Infantiles -JUNJI- Gobierno de Chile.

El programa Head Start a menudo se considera como un laboratorio para el desarrollo de intervenciones efectivas orientadas a niños en situación de pobreza. De ahí que los temas que éste incluye tengan amplias implicaciones para la política en educación temprana en general.

Los niños de Head Start son seleccionados entre aquellos más económicamente desfavorecidos de sus comunidades y a menudo son remitidos al programa a través de otras agencias sociales. Desafortunadamente, esta intervención no dispone de fondos suficientes para llegar al conjunto de la población infantil que vive en situación de pobreza. Actualmente, sólo un 60% de niños que reúne los requisitos necesarios participan en Head Start. La falta de fondos es uno de los numerosos desafíos que enfrenta el programa para alcanzar el objetivo de ofrecer servicios de cuidado integrales a los niños de familias de escasos recursos. Otro de los desafíos es el hecho que las familias entran y salen de la línea de la pobreza, por lo cual es difícil determinar qué niños participarán en el programa en un momento dado. La baja especialización de los docentes es otro problema. Finalmente, no existe consenso sobre la combinación óptima de las áreas de servicios (educacional versus sanitario y social, y el servicio centrado en el niño versus aquel centrado en la familia, etc.).
 
Hasta ahora, se han llevado a cabo una gran cantidad de estudios sobre los impactos de Head Start, pero en su mayoría presentan problemas metodológicos (frecuentemente con los grupos comparativos), lo que dificulta la interpretación de los resultados. Sin embargo, la evidencia apoya la conclusión general que señala que los niños que participan en el programa gozan de pequeños beneficios que se producen tanto a corto plazo como a  largo plazo.

En un estudio comparativo de participantes en el Head Start con sus hermanos que no accedieron a estos servicios, los beneficios a largo plazo informados fueron: mayor índice de finalización de la secundaria e ingreso a educación superior, en los  participantes de grupos étnicos blancos; y reducción de delincuencia y condenas por actos delictivos, en los participantes afro-americanos. En otro estudio reciente, pero a pequeña escala, los investigadores observaron resultados positivos en la salud y el nivel cognitivo de los niños, así como beneficios en la salud de los padres y la conducta social.  

Hasta el momento, el Estudio de Impacto Head Start en desarrollo integra el mejor diseño experimental con una muestra representativa de alrededor de 5.000 niños de todo el país. Compara avances en el campo cognitivo, socioemocional, de salud y parental en niños asignados aleatoriamente a Head Start y a otro grupo que no recibe estos servicios. Los resultados iniciales que muestra el grupo de niños que ha participado durante un año en el programa son poco significativos. Específicamente, se encontraron efectos positivos en la identificación de letras y palabras, pre-escritura y vocabulario, y en la frecuencia en que los padres leen cuentos a sus hijos. Los parámetros que no mostraron efectos significativos fueron comprensión oral ni matemáticas. El mayor impacto fue en los informes de los padres sobre las habilidades de lecto-escritura de sus hijos y el acceso a la atención dental.

Un estudio adicional comparó información de los programas Head Start con los resultados de la Encuesta Longitudinal Nacional de la Juventud (National Longitudinal Survey of Youth, NLSY). Esta medición encontró que los programas Head Start con mayores inversiones per capita y los programas con mayor nivel de gastos en actividades orientadas a los niños (como educación, salud y nutrición) tienden a obtener mejores resultados.

Diversas evaluaciones recientes analizan los efectos del Early Head Start, programa orientado a niños desde su nacimiento hasta los tres años de edad. Los efectos a corto plazo parecen ser muy positivos, puesto que los participantes logran puntajes significativamente más altos en diferentes pruebas cognitivas, exhiben conductas menos agresivas y un comportamiento menos negativo hacia los padres durante el juego, además de mostrar, a los tres años de edad,  una mayor capacidad de atención en un objeto durante el juego. No obstante, aún se debe evaluar la prolongación de estos beneficios en el tiempo.

 

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