Obesidad Infantil


¿Qué sabemos?

Síntesis de los textos de expertos

* Esta síntesis ha sido traducida en colaboración con la Junta Nacional de Jardines Infantiles -JUNJI- Gobierno de Chile.

El desarrollo del sobrepeso y la obesidad durante los primeros años de vida, se ve influenciado tanto por las características del niño, como por factores relativos a los padres y al ambiente familiar. La obesidad infantil se desarrolla cuando el sistema auto regulatorio del cuerpo no logra ajustar las influencias ambientales relativas a los antecedentes genéticos de la persona. Debido a que el patrimonio genético no puede modificarse en menos de una generación, es posible que los cambios en la nutrición y el estilo de vida sean factores decisivos de la epidemia actual de obesidad.

Esta enfermedad se produce por un desequilibrio entre la ingesta energética y el gasto de energía: la reducción de la actividad física y el aumento de la ingesta alimentaria (especialmente de alimentos con un alto contenido en grasa, ricos en energía como las golosinas y dulces, bebidas edulcoradas y comida chatarra) son las causas principales de este trastorno. En los niños pequeños, realizar actividad física por menos de los 60 minutos diarios recomendados y ver televisión por más de dos horas al día, son factores que pueden causar efectos adversos para el sistema óseo y cardiovascular e influyen en la función cognitiva y el desarrollo socioemocional.

Entre los factores prenatales que pueden producir sobrepeso en los niños, desde el nacimiento hasta los cinco años de edad, se incluye el tabaquismo y la diabetes materna, y el sobrepeso de la madre antes y durante el embarazo. Sin embargo, la lactancia materna puede proteger a los niños de la obesidad. Los posibles mecanismos de este efecto protector incluyen la programación metabólica y el autocontrol de la ingesta alimentaria, adquirido a edad temprana. Otra explicación posible es que la lactancia puede influir en el control de los padres sobre los patrones de consumo del niño. Además, los bebés amamantados experimentan diversos sabores a través de la leche de la madre, lo que puede permitirles una mayor aceptación de aquellos alimentos generalmente rechazados, como las verduras.

La introducción de alimentos complementarios (cereales, frutas, verduras o carne) en la alimentación del bebé antes de las 16 semanas de edad, en conjunto con un período de lactancia breve (menos de 20 semanas), ha sido asociada al aumento de peso durante el primer año de vida. Los estudios realizados sobre este tema, sugieren que la introducción tardía de alimentos sólidos (no antes de las 15 semanas de edad) puede tener un efecto beneficioso en la obesidad infantil y reducir el riesgo de reacciones alérgicas. El aumento rápido de peso de bebés y niños pequeños parece constituir factores de riesgo de obesidad posterior.
 
Los padres juegan un papel decisivo para ayudar a sus niños a desarrollar hábitos de alimentación saludables y estilos de vida activos. Puesto que los niños imitan lo que ven, no es extraño que la propia conducta alimentaria de los padres esté asociada con el comportamiento alimentario y el peso de los niños. Ellos prefieren, de modo natural, los sabores dulces y salados y no necesitan aprender a aceptar estos alimentos. Sin embargo, cuando tienen la oportunidad de probar reiteradamente nuevos alimentos, como frutas y verduras, adquieren el gusto por comidas que antes habían rechazado. Los estudios han mostrado que este proceso puede tardar entre 5 y 16 intentos, antes que el niño acepte un nuevo alimento.

Pese a que es recomendable que los padres limiten el consumo de snacks o colaciones poco saludables por parte de sus hijos, y que los estimulen a consumir más frutas y verduras, la restricción o presión excesiva respecto de la alimentación puede, en la práctica, producir impactos negativos en la ingesta y el peso de los niños, pues altera su capacidad para controlar naturalmente su consumo alimentario. La insistencia de los padres para que los niños coman ciertos alimentos puede reducir las preferencias de los niños hacia ellos, en tanto que una restricción excesiva puede reforzar el sobre consumo de los productos restringidos cuando los pueden conseguir fácilmente.

Finalmente, los factores psicosociales que aumentan potencialmente el riesgo que un niño se vuelva obeso, incluyen la condición socioeconómica, ser hijo único y tener una familia monoparental.

 

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