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* Este tema es producido en colaboración con el “Canadian Language and Literacy Research Network (CLLRNet)” -Red Canadiense de Investigación sobre el Lenguaje y la Alfabetización-.
* Esta síntesis ha sido traducida en colaboración con la Junta Nacional de Jardines Infantiles -JUNJI- Gobierno de Chile.
Aun cuando existe un amplio debate en torno a la naturaleza de la actividad mental subyacente al aprendizaje del lenguaje, hay considerable consenso en que el curso que sigue el desarrollo del lenguaje se ve influenciado por factores determinantes en al menos cinco campos: social, perceptivo, procesamiento cognitivo, conceptual y lingüístico. Asimismo, aunque efectivamente existen diferencias individuales entre los niños, el desarrollo del lenguaje tiene ciertas secuencias predecibles. La mayoría de los niños comienza a hablar durante su segundo año de vida, y ya a los dos años es muy probable que sepa al menos 50 palabras y que sea capaz de combinarlas en frases cortas. Entre los cuatro y seis años, la mayoría de los niños comprende la idea de la oración.
La cantidad y tipo de estimulación del lenguaje en el hogar, así como el estrés familiar experimentado por el niño, por ejemplo, si es víctima de maltrato infantil, contribuyen al desarrollo del lenguaje. Asimismo, la calidad de la interacción entre la persona que lo cuida y un niño – por ejemplo, cuando se entretienen con juegos de palabras o leyendo libros – desempeña un rol significativo en los resultados de la lectoescritura. Las habilidades de los niños avanzan más rápidamente y con mayor entusiasmo durante interacciones educativas caracterizadas por un aporte del adulto sensible, receptivo y no controlador.
Los niños con trastornos en el desarrollo del lenguaje están más expuestos al riesgo de presentar posteriormente problemas conductuales, dificultades académicas, trastornos en el aprendizaje y trastornos ansiosos. El trastorno conductual más común es el Síndrome de Déficit Atencional (SDA) e Hiperactividad; los estudios también muestran altas tasas de problemas de internalización, tales como timidez, y ansiedad. Los niños con trastornos del lenguaje están más proclives a tener dificultades con el procesamiento fonológico, aprendizaje fonológico y la lectoescritura.
La Conciencia fonológica se refiere a la habilidad de identificar, comparar y usar las unidades más pequeñas de la palabra hablada: los fonemas. La conciencia fonológica y la habilidad de adquirir vocabulario son, respectivamente los mejores predictores de lectura y comprensión de lectura. Algunos niños son suficientemente competentes en lo que se refiere al escucha y el habla, pero presentan deficientes habilidades de procesamiento fonológico. Es posible que, al comenzar la escuela, estos niños sean considerados como niños en riesgo de presenta.
Finalmente, entre aquellos niños que presentan dificultades en la lectura, existe un muy marcado y desproporcionado número que, además de pertenecer a sectores pobres, provienen de minorías raciales o étnicas.
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