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* Esta síntesis ha sido traducida en colaboración con la Junta Nacional de Jardines Infantiles -JUNJI- Gobierno de Chile.
La agresión, es decir, patear, pelear y morder, inquieta a las sociedades modernas, puesto que las consecuencias físicas, emocionales, cognitivas y societales de los actos violentos son serios, extensos y de largo plazo1. Una encuesta de opinión que recogía percepciones sobre la violencia aplicada a una muestra representativa de la población canadiense, reveló que los encuestados estaban más preocupados de la violencia juvenil (32%) y de la pobreza de las familias (32%) que del suicidio juvenil (12%), el fracaso escolar (11%) y la salud de los jóvenes (8%). La categoría etaria más elegida por los encuestados como el período en el cual los individuos recurren más frecuentemente a la agresión física es entre los 12 y 17 años de edad tanto para niños (61%) como niñas (69%). No sorprende que la mitad de los encuestados (50%) declare que los adolescentes entre 12 y 17 años de edad deben tener alta prioridad en cualquier inversión suplementaria de los programas gubernamentales para prevenir la violencia; un tercio (33%) opina que los niños entre los 5 y 11 años deben ser primera prioridad. Solamente el 10% opina que los niños muy pequeños, entre 0 y 4 años de edad, deberían ser prioridad.
Los resultados de esta encuesta reflejan dos creencias centrales sobre la agresión física. En primer lugar, que los niños se tornan más violentos a medida que crecen. Por extensión, se cree que los adolescentes son más agresivos que los niños. En segundo lugar, que los niños aprenden a ser físicamente agresivos.
No obstante, la investigación reciente ha desafiado ambas creencias. El desarrollo de la agresión en la niñez se asocia a una multiplicidad de factores, tales como malas tácticas de los padres y un estatus socioeconómico bajo. Además, muchos factores de origen neurológico, fisiológico y genético asociados al desarrollo de la agresión pueden remontarse a la infancia, o incluso antes. Por ejemplo, el estrés de la madre, el uso de tabaco durante el embarazo y las complicaciones médicas al nacer se asocian con el riesgo de presentar conductas más agresivas que el promedio. Además, estudios recientes han mostrado que la frecuencia de las agresiones físicas disminuye con el tiempo2. Por ejemplo, un estudio sobre el desarrollo de la agresión física aplicado a una muestra representativa de niños canadienses entre 2-11 años, mostró que el punto máximo de la agresión física se alcanza entre los dos y tres años de edad y que la mayoría de los niños aprende a regular el uso de la agresión física al finalizar la mediana infancia y que, las niñas generalmente abandonan el uso de la agresión física antes de entrar a la escuela3. Por lo tanto, los períodos que parecen ser los mejores para aprender alternativas a la agresión física son la lactancia y la primera infancia.
Referencias
- World Health Organization. World Report on Violence and Health. Geneva : World Health Organization; 2002.
- Broidy LM, Nagin DS, Tremblay RE, Bates JE, Brame B, Dodge KA, Fergusson D, Horwood JL, Loeber R, Laird R, Lynam D, Moffitt TE, Pettit GS, Vitaro F. Developmental trajectories of childhood disruptive behaviors and adolescent delinquency: A six site, cross-national study. Developmental Psychology 2003;39(2):222-245.
- Tremblay RE, Boulerice B, Harden PW, MTCuff P, Pihl RO, Zoccolillo M. Do children in Canada become more aggressive as they approach adolescence? In: Human Ressources Development Canada and Statistics Canada, eds. Growing up in Canada: National Longitudinal Survey of Children and Youth. Ottawa: Statistics Canada; 1996:127-137.
Véase también...
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