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La conducta de pelear jugando suele incomodar a padres y educadores. Puede acarrear lesiones físicas, y algunos creen que activa comportamientos agresivos o violentos que pueden afectar al desarrollo temprano de un niño.

Sin embargo, hay estudios que demuestran que las peleas simuladas, como todas las formas de juego, son una fuente importante de aprendizaje para los niños pequeños. Entre otras cosas, les permite aprender lo siguiente:

  • desarrollar autocontrol sobre sus impulsos y sus músculos (por ejemplo: controlar la fuerza con la que pegan o empujan)
  • aprender la diferencia entre comportamientos aceptables y no aceptables
  • aprender a crear reglas y jugar siguiéndolas 
  • disminuir el uso de agresiones físicas que puedan hacer daño

Al final, la pregunta es "¿dónde ponemos los límites?" y la respuesta es: "no hacerse daño al jugar."